PRESENTACIONES

04/10/2017.- PRESENTACIÓN DE "CAÍN"de José Saramago Ballejo por nuestra compañera Elena Escolano:


Sustituyo hoy a nuestra compañera Mayca Modrego en la presentación del escritor portugués  José Saramago y de su novela Caín, ya que ella, que la propuso, no ha podido prepar arla por falta de tiempo.
Que yo recuerde, excepto un cuento de Fernando Pessoa y, me apuntan, la novela de Eça de Queirós, “El primo Basilio”, no hemos leído a otros autores portugueses, no hemos frecuentado mucho su literatura. Rara casualidad tratándose de un país con el que compartimos península, una larga frontera, ríos, la continuidad de nuestra orografía y, lo más interesante para la fidelidad en la traducción, que nuestras lenguas tienen un origen románico común. Incluso históricamente la totalidad del territorio peninsular estuvo unido bajo los reinados de Felipe II, Felipe III, y Felipe IV. Período entre 1580 y 1640, aunque no fue hasta 1668 cuando, por el “Tratado de Lisboa”, La Monarquía Hispánica reconoce la  independencia de Portugal.  España, en donde ya reinaba Carlos II, obtuvo como recompensa la plaza de Ceuta.
Esa proximidad geográfica hizo nacer en no pocos escritores de ambos lados de la frontera -- Saramago uno de ellos-- el anhelo de lo que Ángel Ganivet calificó de la “Unidad intelectual y sentimental ibérica”, el “Iberismo”. Idea no aceptada por igual en todos los medios culturales.  
Pero nosotros, aquí, nos centramos en el hecho literario y me parece oportuno y merecido hacia ellos, los hermanos peninsulares, recordar aunque sólo sea en lo fundamental,  la historia de sus Letras.
Las primeras manifestaciones portuguesas de trascendencia para la literatura universal aparecieron en el siglo XIII, en lengua galaico-portuguesa, en el extremo noroeste peninsular. Se trata de una rica poesía lírica. Algunos ejemplos: el llamado “Cancionero de Resende” y las “Cantigas”, ya de amor (influencia cortesana provenzal), ya “de amigo” (tradición popular), ya sacras, ya burlescas.
Después de 1325 viene un período de decadencia hasta que, entrados en el s. XVI, nos encontramos con un resurgir importante de la literatura lusa, su Edad de Oro. La  obra cumbre  de este período, “Os Lusiadas”, “Los Lusiadas”,  es la epopeya robusta y culta del Renacimiento portugués. Su autor, Luis de Camoens, de vida abundante en lances novelescos.
También en este momento renacentista destacaron: en el teatro, Gil Vicente (que alternó el portugués con el castellano) y, en la prosa, hay que tener muy en cuenta la novela pastoril escrita por Bernaldim Ribeiro,  “Menina e moça”( Saudade” en posteriores ediciones). Su lectura nos trae recuerdos de las cantigas medievales “de amigo”: lamentos de muchachas enamoradas para ser leídos, dicen, “por los tristes y por los apesadumbrados de amor”. La característica “saudade” portuguesa: ¿un profundo estado emocional?, ¿un primario sentimiento afectivo?, ¿sencillamente melancolía? Ahí están los “Fados”.
A grandes saltos, llegamos al romántico s. XIX, cuyo nombre más importante es Camilo Castello Branco, autor, entre otros, de “Amor de perdición”, libro del que Unamuno habla así: “…me parece la novela de pasión amorosa más intensa y más profunda que se haya escrito en la Península y uno de los pocos libros representativos de nuestra común alma ibérica”. En esa “común alma ibérica” está clarísima su postura “iberista” de integración.
Del movimiento realista también desarrollado en el XIX, recordaremos al menos, a Eça de Queirós, autor de obras tan conocidas como “El primo Basilio” y “El crimen del Padre Amaro”.

Y aquí termina la mención a esos casi taquigráficos  -y forzosamente incompletos- recordatorios de la literatura portuguesa, desde sus orígenes, para llegar a nuestro contemporáneo José Saramago, autor de la novela “Caín”. Novela con la que da comienzo el nuevo curso de lectura compartida.  

José de Souza Saramago nace en la aldea portuguesa de Azinhaga el 16 de noviembre de 1922 y muere en tierra española, en Tías, localidad de la isla de Lanzarote, el 18 de junio, 2010.
Se apellidaba Souza, sí, pero a su familia se la conocía por el apodo “Saramago” y el oficial que a su nacimiento lo inscribió en el registro, por un “lapsus calami”, se lo puso como apellido. Y es el que ha hecho fortuna. No sé si tiene  algo que ver el natural campesino de la familia Souza con el mote, pero el Saramago, Jaramago en español, es una hierba silvestre del grupo de las “crucíferas”.
Siendo aún muy niño, su familia se traslada a Lisboa. Allí empezará una escolarización que tendrá que interrumpir a los 15 años para buscar un trabajo remunerado. Entra en un taller de cerrajería mecánica, pero su inquietud y saber le llevan, sucesivamente, a un funcionariado, al periodismo, a una labor editorialista, a la tarea de traductor…  hasta alcanzar el éxito como escritor conocido internacionalmente.

Su primera experiencia como novelista lo sitúa en el año 1944 (también es el año de su matrimonio con Ilda Reis), en que escribe “Tierra de Pecado”. No se publicará hasta 1947. Tuvo poca repercusión.
Después de esta primera novela está 20 años sin escribir. Él mismo admite: ”Sencillamente no tenía algo que decir, y cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar”.
Ven la luz en el 66 y en el 70 respectivamente “Los poemas posibles” y “Probablemente alegría”, lenguaje poético tradicional aunque vigoroso y renovador en la lírica.
Pero será la novela de 1980 “Alzado sobre el suelo” –realista denuncia de los problemas del Alentejo rural-, la que le revelará decisivamente como autor. Luego vendrían “Memorial del convento”, “Historia del cerco de Lisboa”, “El evangelio según Jesucristo”, “Ensayo sobre la ceguera”… Por citar sólo algunas de las más divulgadas.
En cuanto a “Memorias”, son interesantísimos los “Cuadernos de Lanzarote”. En ellos recopila, como en un “Excepcional mosaico de géneros”,  los escritos realizados entre los años 1993 - 1997. Y en ellos considera su obra  “Una meditación sobre el error y no sobre la verdad, siendo la Historia el lugar donde han combatido la duda y la mentira”. Palabras que me parecen la mejor exégesis de su pensamiento.
En el proceso creativo de Saramago es muy recurrente el tema histórico, cuyo ejemplo más significativo pueden ser las ya mencionadas “Memorial del convento” e “Historia del cerco de Lisboa”.
El tiempo le preocupa y, en muchos de sus relatos, lo resuelve igualando pasado, presente y futuro en una sola unidad. “El juego de los presentes alternativos”,  dice en la página 99 de “Caín”.

Es hombre de larga y experimentada vida, como lo evidencian sus múltiples actividades: culturales –prolífica obra escrita--, ideológicas – en 1969 se adscribe al partido comunista aún en la clandestinidad, más tarde defenderá la Revolución de los Claveles--,  afectivas –dos matrimonios, el segundo con la periodista Pilar del Río, su traductora y perfecto amor--, amén de haber recibido innumerables e importantes premios que culminan en el Nobel de Literatura en el año 1998. El primero hasta ahora concedido a un escritor portugués. La Academia Sueca destaca su capacidad para: “Volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía”. También podría haber dicho que siempre quiso agitar conciencias dormidas ante la injusticia. Que siempre quiso, con su voz, cambiar el mundo adverso de los desfavorecidos.
Añadamos que el italiano Azio Corghi pone música a varios de sus textos, bien como óperas  –“Memorial del convento” estrenada en La Scala de Milán--, bien como sinfonías. Y, además, experimentó la “gran pantalla”.

Los últimos libros publicados próximo ya el año de su muerte, son “Las intermitencias de la muerte”, “Las pequeñas memorias”, “El viaje del elefante” y “Caín” en el 2009, objeto de nuestros  desvelos. Por lo menos del mío. Es novela que se empieza leyendo con  la comodidad de una sonrisa y, fácilmente, te lleva a profundas reflexiones. Además de sorprender con una escritura de puntuación caprichosa, con mayúsculas sólo al principio de frases, nunca en nombres propios, sin guiones ni interrogantes ni comillas, etc. Particularidades éstas de un estilo que el propio autor justifica y basa en la narración oral, en la cual el narrador habla como si estuviera componiendo música y se sirve de los mismos elementos que el compositor, es decir, sonidos y pausas.
Numera en doce apartados los distintos episodios tomados de la historia bíblica –el de Lilith es inventado--, bajo el protagonismo de Caín, cuya acción fratricida contra  Abel abre el peregrinaje que los desencadena.

La lógica del personaje Caín en su argumentación contra los hechos divinos, no deja fisura por donde cuestionarla. Con ironía, irreverencia y humor, mucho humor, la novela parodia todo lo que puede haber de negativo en la dependencia absoluta del hombre ante la arbitrariedad de su creador.
 Saramago elude cualquier interpretación alegórica, moral o mística de la Biblia y se atiene exclusivamente al sentido literal de la narración de los hechos. “Su literalidad es lo que es: un horror”. Son sus palabras.   

Es la segunda vez que Saramago recurre al tema de los Libros Sagrados en su novelística: El Evangelio…  que centra en el Nuevo Testamento y Caín, con personajes del Antiguo; las dos veces fue censurado en su país, mal comprendido para su disgusto. Él mismo se duele cuando confiesa: “Buscaron dobles lecturas donde no las hay”, y  aclara: “No escribo para agradar ni para desagradar, escribo para desasosegar”. Si lo consigue o no, es cosa muy personal del lector/a.
La publicación en España no presentó ningún problema, cosa que el autor agradeció sobremanera.

 Y para terminar, y olvidar la rigidez de la información, una frase de nuestro autor que yo estimo poética, enigmáticamente poética: “Dios es el silencio  del Universo y el hombre el grito que da un sentido a ese silencio”.    

Elena Escolano Ávila

Septiembre, 2017          

12/05/2017.- PRESENTACIÓN DE UN SOÑADOR PARA UN PUEBLO de Buero Ballejo por nuestro compañero Juan Padilla:

UN SOÑADOR PARA UN PUEBLO


ANTONIO BUERO VALLEJO      (a la luminosa memoria de D,Antonio Machado que soñó una  España Joven)



Hoy toca hablar de Teatro y reflexionar brevemente acerca de él y sobre ese momento mágico que se produce cada vez que se alza el telón y el espectador va a encontrarse con lo imprevisible. El  buen autor dramático parece poseer el secreto de trasladar a  la docta audiencia a un mundo fantástico, donde llorar no es difícil y reír se convierte en el bálsamo de todas las penas. Este ha sido, de siempre, el secreto del Teatro, que no es otro que lograr que el espectador aniñe su espíritu ante las maravillas que se le proponen.

La tradición teatral española ha sido brillante, muy brillante, con nombres de grandes dramaturgos que han sido referentes en el mundo de la cultura universal. Sin embargo, se podría pensar que en nuestro tiempo el Teatro es un superviviente, tras las situaciones que ha tenido que soportar y  los grandes retos a los que enfrentarse, el cinematógrafo incluido. Alguien aseguró, sin embargo, que el teatro no podía desaparecer porque era la única de las artes en las que la humanidad aprende a enfrentarse a sí misma y a sus problemas. Aceptada o no esta definición, lo cierto es que la obra teatral intenta a menudo plantear al espectador dilemas morales que éste tiene que resolver, ya que no se le brinda la solución y sí tan solo el problema. Para ilustrar esta implicación del espectador, Frank Capra, el director cinematográfico, nos contaba que él, al principio, “creía que el drama  era cuando el actor lloraba, pero que el drama realmente comienza cuando el público llora”.

Por lo demás, hay otro aspecto del teatro a destacar que es su valor didáctico y social, que fue ampliamente comprendido por dos entrañables escritores: Federico García Lorca y Alejandro Casona que  organizaron, en los años 30, teatros ambulantes,- Federico con la Barraca y Casona con el Teatro del pueblo-, recorriendo toda España, para llevar a los rincones más remotos algo de luz y una muestra de cultura a gentes que habían sido totalmente olvidadas para el saber.

Lo curioso es que compartiendo ambos esta inquietud, los dos partían de puntos opuestos: Casona afirmaba que no existía ninguna cosa por sería que fuese que no pudiera ser dicha con una sonrisa, aunque toda su obra esté impregnada de una inefable melancolía; en tanto que Federico, con su teatro bronco, afirmaba que el teatro es “poesía que se sale del libro para hacerse humana”.

Buero Vallejo va a ser no el heredero sino el continuador del espíritu renovador de estos dos dramaturgos, al que, sin duda, habría que añadir a  Valle-Inclán. Después de que en la posguerra se  produjera eso que se llamó “ternurismo realista”, nuestro autor, según declara él mismo, inicia un teatro posibilista y claramente crítico “partiendo de cero, desde la tradición”, sirviéndose de los problemas que agobiaban a aquella sociedad, empleándola como caja de resonancia, cuyo eco pretende que despierte a una colectividad adormecida por las consignas del poder.

Antonio Buero Vallejo es considerado por la crítica como “el más alto empeño intelectual de nuestro teatro del siglo XX” y ha sido el hacedor de una amplia producción teatral de carácter humanista, volcada en la defensa de la dignidad del hombre.  De su estilo, se ha dicho que posee  un “efecto de inmersión”, es decir, capaz  de contemplar el paisaje interior del personaje, donde todo es analizado desde el punto de vista social y moral. Empeño presente en cualquiera de sus obras, sean realistas, simbólicas o históricas, como la que hoy nos ocupa.

La acción de “Un soñador para un pueblo” estrenada en 1958, fue acogida por el público con entusiasmo al igual que cierta crítica (Alfredo Marquerie en ABC) y  transcurre en el Madrid del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III, quien tras reinar 25 años en Nápoles, a la muerte sin descendencia de su hermanastro Fernando VI, es llamado al trono hispano. Será un monarca reformista, que pretende regenerar el país y que cambiará, para empezar, la fisonomía de Madrid, embelleciéndola y haciéndola más salubre: se iluminan y se empiedran sus calles, se construye la red para la recogida de las aguas fecales,  se trazan nuevos viales, se crea la lotería nacional y el Banco  de San Carlos , se organiza el servicio de serenos nocturnos, se dictan las ordenanzas de Carlos III, entre otras cosas.  Es el momento de los reyes que adoptarán el lema del despotismo ilustrado “Gobernar por el pueblo y para el pueblo…pero sin el pueblo”. Uno de sus aciertos será  rodearse de gentes experimentadas que han venido con él y que despertarán la suspicacia de la vieja nobleza española.  El gobierno lo preside un italiano: el Marqués de Esquilache  y el conflicto partirá del pueblo, (irritado ya por la subida del pan), incitado por nobles que han perdido la gracia real: La consigna de los sediciosos será “Viva el Rey y muera el mal gobierno”, dejando claro contra quien se va. No olvidemos que serán tiempos difíciles  para el poder absoluto. El pueblo va tomando conciencia de su capacidad para revolverse ante lo que considera injusto. Las fechas son ilustrativas: El monarca fallece en 1788, un año antes de la Revolución Francesa, y aunque todavía lejana, se vive en un precario equilibrio.

Recordemos  que el autor denomina “Un soñador para un pueblo”, como “versión libre de un episodio histórico”, es decir, proyecta sus personajes sobre el fondo de la historia del motín de Esquilache, causada por la protesta ante el decreto que limita los embozos; capas largas y sombreros de ala ancha, que facilitan la delincuencia. Y aunque sus perfiles son sacados del fondo de la Historia y deben a ésta su verisimilitud, será al autor a quien deberán  la maestría de su manejo en escena. En algún caso, como el de Fernandita, inventada por el dramaturgo, será en muchos momentos el personaje que sirva de  ayuda y contrapunto para  explicar los sentimientos crecientes del protagonista, que comienza a sentir el peso de la soledad. El desenlace lo da por hecho el propio Esquilache, decidiendo abandonar el poder,  ante las sutiles sugerencias del monarca, evitando así la posibilidad de un conflicto civil.

Buero no duda en presentarnos a un Esquilache como el regenerador del país, amparado en el paternalismo real hacia el pueblo, imperante en ese momento. Ante la afirmación de que “el pueblo es SIEMPRE menor de edad”, mantenida por gentes interesadas, él mantendrá  que “el pueblo es TODAVIA menor de edad”, una actitud política posibilista que sorprende por su visión futura. Tal vez, por este motivo, el Rey, que se apoya en él para el buen gobierno del Reino, en un momento dado de la obra, le hará decir “¿Sabes por qué eres mi predilecto, Leopoldo? Porque eres un soñador. Los demás se llenan la boca de las  grandes palabras… solo esconden mezquindad y egoísmo… Tú estás hecho al revés…eres un soñador ingenuo, capaz de los más finos escrúpulos de conciencia”. Luego, vendrá la escena en la que nos muestra el abandono del poder por Esquilache, queriendo ofrecernos con este acto la medida  de la grandeza que el escritor quiere para su  personaje, que deberá, al tiempo, desterrarse a Italia.

Hasta aquí, el autor se ha servido de su capacidad para crear una realidad paralela y desvelarnos el drama del político fracasado. Ahora, moviendo los hilos de la Historia, humanizará al personaje, mostrándonos  así los más profundos entresijos del hombre, aproximándolo a la realidad con una notable riqueza simbólica, que nos descubre el lado más frágil del todopoderoso valido.

Buero Vallejo hace con esta obra un intenso ejercicio dialectico y de indagación estética de los personajes, haciéndonos partícipes del drama que se viene gestando; clima que invadirá la escena, acentuando el simbolismo que transmite toda la representación, donde sus personajes vestirán el ropaje utópico diseñado para ellos. 

El teatro que nos ofrece Buero es el de un autor comprometido con su tiempo y con los problemas que aquejan a la sociedad, en la que él ha vivido tanto tiempo y con tanta intensidad. No olvidemos que fue condenado a muerte por “ayuda a la sublevación” y, aunque indultado con posterioridad, todavía pasó en prisión seis años. Quedará marcado, sin duda, por esta experiencia que hará más intensos los perfiles dramáticos de sus obras.

 Y tras esta larga reflexión, que ha permitido hacer volar nuestra imaginación y situarnos en el centro de la trama, va a quedarnos de nuevo la eterna pregunta, ¿es el arte quien imita a la vida o, por el contrario, la vida encuentra su explicación en la expresión del arte? Sin duda, hay diferentes respuestas, pero, ya por  terminar, sí puedo brindaros la inteligente definición de Teatro que nos dejó alguien que conocía muy bien el arte dramático, ese gran personaje que fue Charlie Chaplin:

  “La vida, dice, es una obra de teatro que no permite ensayos…por eso canta, ríe, llora…antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos”.

, JPC-abril  2017.

13/04/2017.- PRESENTACIÓN DE LA NOVELA "EL VIEJO Y EL MAR" de ERNEST HEMINGWAY por María Lemos:

Biografía del escritor

Nació el 21/07/1899 en Illinois (EEUU), y se suicidó el 2 de julio de 1961, en Idaho, estado de Ohio. Una vida intensa  influida  por muchas circunstancias. Estuvo casado cuatro veces y tenía fama de ser mujeriego, certificándolo de alguna manera fotografías de la época en fiestas continuadas.
Se inició en el periodismo antes de alistarse en 1918 al servicio de ambulancias y fue herido en Italia, en la primera guerra mundial.
Regresa a Estados Unidos y retoma el periodismo. Luego se trasladará a París donde conoció a figuras como Picasso, Joyce, Faulkner, Fitzgerald, entre otros. Eran los locos años 20 de París donde el champagne corría más que el río Sena y cada noche una fiesta.
Empieza a escribir sus cuentos y poemas por esta época.
Entre 1936 y 1939 participa en la guerra civil española
Es corresponsal de guerra en la segunda guerra mundial, y al finalizar ésta se instala en Cuba hasta que Fidel Castro toma el poder, debiendo abandonar en ese momento Finca Vigía, su casa cerca de la Habana, actualmente convertida en Casa Museo, para volver a Estados Unidos.
Estas vivencias influyeron  en sus relatos y novelas, como también su afición por la pesca.
Su obra literaria se caracteriza desde los primeros trabajos por un estilo narrativo que lo haría famoso y maestro de varias generaciones.
La mayor parte de ella, plantea un héroe enfrentado a la muerte y que cumple una suerte de código de honor, de ahí que sean matones, toreros, soldados, cazadores y otros seres sometidos a presión. Tal vez su obra inaugura un nuevo tipo de  “realismo” que aunque  raíces en el cuento norteamericano del siglo XIX, lo transforma hacia una cotidianeidad dura y poética a la vez, que influiría en narradores posteriores.
Su creación  es extensa y dio origen a varias películas, como son Adiós a las armas, Por quién doblan las campanas, Las Nieves del Kilimanjaro,  El viejo y el mar y muchas otras.
En 1952 dio a conocer El viejo y el mar, del que hablaremos hoy, que lo hizo acreedor al premio Pulitzer,  y posteriormente junto con toda su obra en el año 1954, al Nobel de Literatura. La medalla entregada en el premio, la donó a la Virgen del Cobre, patrona de Cuba, en agradecimiento a todos los cubanos.
Fue un escritor estadounidense cuya obra  se considera clásica en la literatura del siglo XX. Destacan la sobriedad de estilo y los elementos trágicos, retratando la época en que vivió en distintos lugares del mundo.
Su vida fue apasionante, vivió y murió al estilo de sus obras, con una violencia y un ansia por aventuras y emociones desbordantes. Polémico pero respetado dejó muchas preguntas sin respuesta.
Su alocada vida le fue pasando factura física y psicológicamente, hasta el punto de pegarse un tiro con un rifle. Se supone que la depresión producida al abandonar sus libros en la Habana, y el exceso de alcohol lo llevaron a ese final trágico.
Amante de España, sobre todo de Madrid y Pamplona,  dijo sentirse  en su propia casa. Su pasión por los toros y los sanfermines, le inspiró también  parte de su obra.
Le gustaba comer bien y según dicen preparaba su propia hamburguesa llamada “Papa”, pues así lo llamaban en su casa a Hemingway.
Muchos restaurantes y bares de Paris, Madrid, La Habana, lo tuvieron entre sus clientes, y se dice que en el bar del hotel Ritz en París, llegó a beber 51 Martinis en una noche, y en  homenaje a él, pusieron su nombre a un coctel. Anécdotas hay muchas porque Hemingway transitó el camino de la vida deglutiéndola.

EL VIEJO Y EL MAR

Es una obra maestra de concisión, de intimidad, y de fuerza narrativa.
Novela tradicionalista, que presenta las características de grandes valores como son la perseverancia, el cariño y el respeto, espejo de la lucha por la superación humana y la inutilidad en su enfrentamiento con la naturaleza.
Es la epopeya de la energía y la voluntad del amor, la soledad del hombre, y del triunfo sobre la desesperanza.
Los mejores críticos expresan que pocas veces, un relato escueto logra trasmitir una grandeza con pocos elementos trágicos.
El libro cuenta una historia simple, en apariencia, con un solo personaje principal, que es el pescador y su lucha con el mar y sus inclemencias. Primero la lucha por pescar, y luego por mantener ese pez que tanto le había costado capturar, y que los tiburones amenazaban con devorar.
La vida, sus logros y la lucha del ser humano por mantenerlos, es mi apreciación metafórica en todo momento
Es así que se convierte en una lectura apasionante quizás porque ese personaje fuerte no se rinde a  su cansancio, o puede ser que lo que nos atrapa es la pena que le inunda el alma y casi la podemos palpar, o la desesperanza y las ganas de vivir, que a  pesar de todo nunca perdió, o no permitir ser derrotado y claudicar, ó ¿por qué acepta las cosas como vienen? Puede ser todo, o alguna frase como la siguiente:
        »Pero el hombre no está hecho para la derrota —dijo— un hombre puede ser destruido, pero no derrotado«.
Es un lenguaje metafórico bellísimo cuando  refiriéndose a sus cicatrices escribe:
        »Eran tan viejas como las erosiones de un árido desierto«
Nos enseña a defender lo que queremos no importa contra quien o porqué, sino, sólo defender lo nuestro de manera denodada.
Esta novela corta o relato largo la propuse porque tiene una alta calidad literaria, tanto en el plano de expresión como contenido, y me pareció interesante que el autor nos dé a conocer la vida de Santiago, un viejito de buen corazón, que a pesar de las críticas de las personas, no se dio por vencido ni perdió la fe, aunque muchas veces añoró a Manolín, y deseó estuviera a su lado porque a nuestro querido pescador Santiago, le dolía la soledad como le sucede a muchos seres humanos. Una soledad en la que invoca a la Virgen del Cobre, aún sin ser creyente, porque cuando duele el alma y la desesperación acompaña al ser humano, aún  falta descubrir el principio activo sanador.
Y para cerrar os dejo una frase del escritor que aclara un poco su estilo:
        »Quien ha empezado a vivir seriamente por dentro, empieza a vivir sencillamente por fuera».

Como homenaje a nuestro querido compañero ANTONIO FIMIA, escogí un poema de Hemingway que podría rememorar su amor por la vida:

                               Trata de aprender a respirar profundamente
                              a saborear la comida cuando comes,                                                            y cuando duermas, a dormir como un tronco.
                               Intenta estar viv@. De  verdad con todas tus fuerzas,
                               y cuando rías, ríe hasta partirte de risa.
                               Y cuando te enfades, enfádate bien. Trata de estar viv@.
                               Porque ya estarás muert@ suficientemente.                           
 María Lemos Treviño

27/03/2017.- PRESENTACIÓN DE LA NOVELA "EL AMERICANO IMPASIBLE" de GRAHAM GREENE por Juan Padilla:


Después de la verdad, nada hay tan bello como la ficción. Proverbio hindú.
GRAHAM GREENE
Enfrentarse a la obra de Graham Greene , un gran maestro de la ficción,hace que se planteen algunas preguntas acerca de su producción , lo que representó en su tiempo y, particularmente, en qué colaboró para definir un género que, desde un punto de vista crítico, representaba la novela, su equilibrio interno entre  imaginación y realidad y su influjo  sobre el lector…
Por aportar un  ejemplo, Louis Aragon  nos brindaba esta definición: “La novela es una maquina inventada por el hombre para entender la realidad en toda su complejidad”.
Y hace  muy pocas  semanas, BABELIA  recogía la opinión de dos escritores contemporáneos,  el irlandés John Banville (o Benjamin Black , según su seudónimo para la novela negra) y el francés  Pierre Lemaitre, que buscaban la definición y la influencia de la novela en el comportamiento humano ,así como su influjo en nuestra manera  de ser y de ver el mundo. Para justificarlo, Banville  invocaba a Whitman : “cada uno de nosotros, citaba, contiene MULTITUDES  en su interior”. Mientras que  Lemaitre concluía  en que “cada novela propone al  lector una visión del mundo determinada, es decir una manera de verlo y entenderlo”, y  que  “no hay nada más real que la ficción”… añadiendo que  “la literatura  es una máquina para descifrar el mundo”.
JOHN  Banville  afirmaba, por su parte, que las ficciones no cambian el mundo, pero todas cambian la sensibilidad del lector, y, además, llegaba a una curiosa y tremenda conclusión en relación al tipo de literatura de evasión que es el género policiaco. Un género, venía a decir, apto especialmente para aquellos que han alcanzado el ideal de vida pacífica como contraste  a la realidad: “sin embargo, insiste el escritor, ese pacifismo, la paz  en concreto, no es un estado natural para el hombre, porque somos la especie  más salvaje que ha vivido o vivirá jamás en la Tierra”… Una paradoja, añadirá,  presentarnos como tranquilos y a gusto…cuando, en  el fondo, lo que hay es sed de violencia, crueldad y caos… por lo que recurrimos a la ficción policiaca”.
Opiniones aparte, y para  entrar en materia, hablemos  del  tema que hoy nos ocupa. En una ocasión, Graham Greene,  que tantos modelos humanos nos brindó   y en tantas aventuras nos introdujo a través de sus relatos,  escribía:
” Uno de los descubrimientos que hace el hombre es que la Vida, sea cual fuere, contiene momentos de alegría;  además, siempre se puede hacer una comparación con las épocas peores; hasta en medio del peligro y de la desdicha, el péndulo oscila Y más adelante  añadía …“porque las  cosas no son blanco o negro, sino negro o gris”. 
Esta es la expresión de un hombre que como él pasó por diversas vicisitudes durante su larga vida. Ya desde su época de estudiante  intenta suicidarse, tras un periodo de  depresión causada por el acoso de sus compañeros de internado. Después, la vida le mostrará el otro rostro de la existencia, dándole la posibilidad de expresarlo de otra forma: “La escritura, nos cuenta,  es una forma de terapia, a veces me pregunto cómo aquellos que no escriben, componen o pintan logran escapar de la locura, la melancolía y el miedo, que es  inherente a la condición humana”.  
Como ha contado a través de uno de sus personajes: Sufrimiento y Felicidad; Bondad y Maldad son algunos de los elementos  opuestos que entran a confrontarse dialécticamente en sus obras. El intelectual aprende. Como escritor, en lugar de luchar contra los acontecimientos  o  la adversidad que pudieran  asaltar a sus protagonistas, se ha propuesto aprovecharse de  ello. Como creador ha comprendido que es posible cambiar la visión de la vida, modificando la actitud de las mentes, según  unas ideas preconcebidas. Y a esta convicción responderán sus numerosos  personajes  sumidos en sus contradicciones, y, por tanto, tan humanos en sus debilidades y sus dudas. El mismo, que se declara creyente, o como  él se define: escritor y además católico- agnóstico,  escribirá que “no podría creer en un dios al cual comprendiera”, intentando expresar cuanto de confusión  hay en ese ser desvalido que  es el hombre. Tal vez, por ese motivo, oscilando entre la fe y la razón, en  su obra  la idea deísta aparece  de forma casi constante y ambigua: “el único  valor absoluto en  el mundo, dirá, es la muerte… y añade que envidia  a los que  podían creer en Dios… aunque desconfiara de ellos. En otro momento, al señalar que el hombre es incapaz de entender a los demás, nos explica que este es, quizás, el motivo por el cual los hombres inventaron a Dios: un ser capaz de comprender. Mientras que en “El poder y la gloria” se detendrá en la debilidad y la cobardía de aquellos que debieron defender el ideal de una divinidad consoladora, durante las guerras cristeras, en Méjico. Una guerra durante las cuales los sacerdotes eran obligados a casarse o ser fusilados, según la nueva ley que convertía en laico al Estado.        
En cuanto a la extensa  producción de Graham Greene, ésta  ha sido dividida por algunos críticos en dos partes  (división aceptada por él mismo) : una puramente de entretenimiento y otra literaria , e incluso filosófica, en las que, en general, se adentra en consideraciones que giran alrededor de la idea religiosa- como en el caso de “El Poder y la gloria”-. Lo que sucedió  con esas  denominadas “obras de entretenimiento”, es que sus lectores acogieron con entusiasmo sus nuevas obras, convirtiéndose  en un escritor  muy  leído, popularizándose  sus novelas  todavía más cuando muchas  de sus historias se llevaron al cine. Recuérdese “El tercer hombre”, tal vez la más conocida, “El factor humano”, “Nuestro hombre de la Habana”,” la ya citada  “El poder y la gloria” o la que hoy nos ocupa “El americano impasible”, entre otras.
Como periodista y escritor viajó mucho, (alguien ha hablado de nomadismo vital), reflejándose este hecho  en sus novelas: recorrió  prácticamente todo el mundo, y sus  lugares  se convertirán en los escenarios  de sus obras. Obras en las que su imaginación crea una realidad paralela inspirada en los acontecimientos históricos por los que pululan sus personajes, algo que tratará con habilidad, recogiendo sus confesiones y los complejos sentimientos que les embargan: amistad, traición fidelidad y desengaño. Y se afana en trazar sus perfiles  con gran sensibilidad. En un momento dado se confesará: “Si conociéramos el verdadero fondo  de las personas, tendríamos compasión hasta de las estrellas”. Una compasión  reivindicativa que él expresa así: (159)…”el sufrimiento no aumenta con la cantidad de los que sufren. Un cuerpo puede contener todo el sufrimiento del mundo”.
“El americano impasible” es una historia en la que el escritor nos cuenta, de manera muy sutil la diferencia entre dos concepciones de vida, dos modos de entenderla, cuyas actitudes están representadas por los dos protagonistas masculinos. Aunque esa sutileza reste una cierta calidez al relato y hace que los personajes aparezcan desdibujados para el lector menos avisado,  es algo que queda superado en la versión cinematográfica, donde todo es más explícito. La acción de la novela se desarrolla en Indochina, cuando este país intentaba independizarse de Francia y todavía no se llamaba Vietnam.  Los franceses luchan denodadamente y con un alto coste en vidas (todos los años se pierde una promoción entera salida de la escuela militar de Sait-Cyr ), pretenden continuar controlando el país, a pesar de la corriente descolonizadora que se impone  al finalizar la segunda guerra mundial, pero con la intención de incorporarla a la Unión Francesa, en ciernes; y luchan con la ayuda de los EEUU, quienes, tras la retirada de los franceses  debido al desastre de Dien Bien fu  , heredarán el conflicto, convertido en un avispero sin salida. La  historia nos muestra un curioso triángulo amoroso entre dos  corresponsales de guerra  –un maduro inglés y un joven americano-  enamorados ambos de  una misma muchacha  anamita, amante del inglés. La ciudad de Saigon será el punto de encuentro entre los personajes,  donde se desarrolla parte de la lucha contra el dominio colonial, durante los años cincuenta. El encuentro de los tres personajes creará unas curiosas situaciones, como la que se produce cuando el joven americano confiesa a su compañero, con ingenuidad, digamos con inocente prepotencia,  que se ha enamorado de la muchacha, y sugiere que la solución puede ser plantearlo a la joven para que decida con quien quedarse.
La situación tiene un desenlace sorprendente y ambiguo,
“Recordé el primer día, recordé a Pyle sentado a mi lado en el Continental,
contemplando la cafetería de enfrente. Desde su muerte todo me había salido bien,
pero ¡¡¡cómo deseaba que existiera alguien a quien poder decirle: «Lo siento».¡¡¡

JPC-Marzo-2017

19/03/2017.- PRESENTACIÓN DE LA NOVELA "MIL SOLES ESPLENDIDOS" de KHALED HOSSEINI por Pilar Modrego:



Antes de hablar sobre el libro que nos ocupa “Mil Soles espléndidos” creo es interesante conocer algo más sobre el lugar en el que se desarrolla la historia, Afganistán.
         Es difícil comprender desde nuestras culturas  occidentales  el laberinto de tríbus y etnias que rigen la vida de este país de 23 millones de habitantes.
         Afganistán ha desempeñado desde hace milenios un papel de primera fila en Asia  como encrucijada de las invasiones y las vías de comercio. Solo en 1980 Afganistán  comenzó a constituirse como Estado. Hasta entonces el país tan pronto estaba fragmentado en entidades  independiente en lucha unas contra otras, como porciones enteras del territorio eran incorporadas a India, Irán o Asia central. A veces un poder afgano desbordaba sus fronteras pero eran conquistas efímeras que revelan su debilidad y las rivalidades internas, y esa debilidad y rivalidad  perduran hoy.
         Durante siglos estas rivalidades entre los afganos han sido utilizadas por las potencias vecinas para establecer su influencia o facilitar sus conquistas.
         Bajo el mando de Abdur Rachman (1880-1901),  el país logra salir de una larga fase de inestabilidad y queda unificado en sus fronteras actuales. Se había esbozado el  embrión de un Estado moderno, con una modernización parcial, así como la aparición de las clases medias y una mayor apertura hacia el mundo.
         A partir de 1947 esa evolución cayó en un engranaje fatal. Las reivindicaciones de Kabul sobre las zonas pastunes de Pakistán terminaron por impulsar Afganistán a los brazos del vecino soviético.
         Las rivalidades internas  y las maniobras de los soviéticos llevan a la instauración del régimen comunista en 1978 y después a la  guerra afgano-soviética de 1979 a 1989. Frente a las fuerzas armadas soviéticas, las fuerzas de resistencia fueron apoyadas Arabia Saudita, EEUU y masivamente por Pakistán.
         La retirada del  Ejército ruso en 1989 dejó a los afganos enfrentados a sí mismos: guerra civil, guerra entre etnias: pastunes, tayikos, uzbecos, hazaras junto a maniobras pakistaníes sucedieron a la “guerra santa” antisoviética.
         La entrada en escena de los Talibanes en 1994, (grupo creado y  entrenado por EEUU para derrotar y expulsar a los soviéticos) desencadenó una nueva dinámica que desembocó en una situación inesperada, la aparición de Osama bin Laden y la nueva internacional islamista que agrupa a musulmanes de todo el mundo.
         En resumen, hoy como ayer, se repiten las disensiones internas y las intervenciones extranjeras, y a ello se suma una drástica innovación, Afganistán se ha convertido en uno de los pivotes del terrorismo internacional que multiplica sus metástasis en la región, en el sureste de Asia, en Oriente Medio y hasta los lejanos rascacielos de  New York.        

Me gustaría insistir en como los usos y costumbres de este país, como todos o casi de religión musulmana, afecta a las mujeres. Ya en 1849 los ingleses tienen problemas con las costumbres de las distintas tribus y etnias. Estas costumbres eran muy estrictas. Las mujeres apenas salían a la calle, hasta el punto que eran los hombres quienes iban al mercado. Todavía  en 1980 en algunos lugares no aceptaban que un médico varón  cuidase a una mujer ni aun en peligro de muerte, y los cines estaban prohibidos.
         Mucho más cercana la fecha en la que se desarrolla la historia de las protagonistas de Mil Soles Esplendidos esto continúa. Las expectativas que crearon los Talibanes pronto se vieron defraudadas. Todos los estudiosos están de acuerdo en que produjeron el mayor número de muertes y destrucción del país.  Principalmente dañadas fueron las mujeres, a las que se les prohibió, no solo acudir a las escuelas que habían sido destruidas, sino trabajar, por lo que nos les  quedaba otra salida que mendigar para ellas y sus hijos. Tampoco podían transitar solas, debían estar siempre acompañadas por un hombre, algo muchas veces difícil por haber perdido en las guerras a sus maridos o familiares. La vida de estas mujeres fue, y sigue siendo un infierno en un mundo que apenas vislumbran a través del burka que están obligadas a llevar.

        Hablando del libro “Mil Soles Esplendidos, no sabría decir por qué elegí este libro como lectura para la Tertulia. Lo leí hace mucho tiempo, creo que en 2009, y pese al tiempo transcurrido al escuchar el título recordé que me había gustado la historia que en él se narraba.
        Lo he releído para tener más reciente su contenido y me ha vuelto a gustar. Además ahora, con todos los conflictos presentes en esta parte del mundo, se me ha despertado el  interés por conocer e intentar comprender los motivos  por los que este país lleva tanto tiempo convulsionado.
        “Mil Soles esplendidos” es el segundo libro publicado por su autor Khaled Hosseini. Anteriormente había publicado “Cometas en el cielo” y posteriormente  “Y las montañas hablaron”. Todos ellos han tenido un gran éxito y se han vendido por millones  y traducidos a numerosas lenguas. Por ahora el que nos ocupa parece ser el de más éxito.
        Su autor, Khaled Houssein nació en Kabul  en 1965. Su padre era un diplomático en el Ministerio de  Asuntos Exteriores y su madre profesora de Farsi e historia en la Universidad de Kabul. En 1976 la familia se traslada a la embajada de su país en Paris. En 1980 intentan regresar a Kabul pero allí se ha producido la invasión soviética. Los Hosseinis solicitan asilo en Estados Unidos donde son aceptados, y en 1980 se instalan en San José, California.  Allí Hoseini se licencia en  Biología y posteriormente cursa la carrera de  medicina. Actualmente colabora con movimientos humanitarios y de ayuda a los refugiados a nivel mundial.
        Hablando de Houssein,  el autor, se dice que es un narrador innato, una de esas personas que nacen para ser escritores. Su prosa es agradable, sencilla de leer, pero a su vez rica y frondosa. Transmite los sentimientos de los personajes, y esa facilidad narrativa es lo que seguramente le ha brindado tanto el éxito de sus libros.
        La historia que Hosseini nos relata en un lenguaje que te atrapa desde las primeras páginas es la vida de dos mujeres de origen y edades distintas, obligadas a convivir en la  misma casa por la tradición de que los hombres pueden tener varias mujeres, las dificultades para adaptarse a la nueva vida, y el final que les lleva a quererse como hermanas. No diré mas sobre el libro ya que se supone lo hemos leído y tendremos ocasión de comentarlo en el debate  posterior del mismo.

Animo a leer la siguiente página del diario El Pais (Babelia) sobre Las Mujeres Heridas de Afganistán: Enlace (Pulsar aqui)


21/02/2017.- PRESENTACIÓN DE LA NOVELA "EL CAMINO DE IDA" de RICARDO PIGLIA por J.M. López:



        En este curso he propuesto dos novelas para que fueran leídas y analizadas por la tertulia literaria:

- "La última oportunidad" de Richard Ford, escritor estadounidense, que fue galardonado con el premio Príncipe de Asturias en 2016.

- "El camino de Ida" de Ricardo Píglia, escritor argentino, fallecido en Buenos Aires el 6 de enero de 2017.

        Ambas son novelas policíacas.

        La primera se desarrolla en la frontera entre Méjico y Estados Unidos, de rabiosa actualidad. Solicité, al final, que fuera retirada pues en una segunda lectura no la vi apropiada por el nivel de violencia y sexo contenido en ella.

        La segunda la propuse porque se desarrolla en un ambiente literario con múltiples referencias a escritores tanto de lengua castellana como inglesa, y que contiene opiniones sobre temas actuales que pueden despertar interés.

Espero que así sea.

a) El autor:

Ricardo Piglia (1941-2017)

        Ricardo Piglia falleció en la ciudad de Buenos Aires el 6 de enero de 2017, a los 75 años de edad. En por tanto un autor contemporáneo, de nuestra generación.

        Tras la caida de Perón se instaló con su familia en Mar del Plata donde estudió Historia en la Universidad Nacional de La Plata. Allí vivió hasta 1965.

        Después trabajó durante una década en editoriales de Buenos Aires, dirigió la Serie Negra, colección famosa sobre el tema. «Empecé a leer policiales casi como un desvío natural de mi interés por la literatura norteamericana. Uno lee a Fitzgerald, luego a Faulkner y rápidamente se encuentra con Hammett y con David Goodis. Más tarde, entre 1968 y 1976, leí policiales por necesidad profesional, ya que dirigía una colección».

        Durante la dictadura de Onganía abandonó el país y marchó al exilio.

        Piglia ha señalado que dos poéticas antagónicas y sus reversos le han interesado: la que está basada en la oralidad, aparentemente «popular», que ha llegado a una especie de crispación expresiva, como Guimaraes Rosa o Juan Rulfo; y la de la «vanguardia» que trabaja con la idea de que el estilo es plural: tanto James Joyce como Manuel Puig, por ejemplo, trabajaron con registros múltiples.

        Piglia fue, además, crítico, ensayista y profesor académico, que ha estudiado a Brecht, Benjamin y Lukács, a Erich Auerbach, Szondi y Vernant, a los rusos Tiniánov, Sklovski o Bajtin. Ha escrito sobre su propia escritura (que está ligada a la crítica) y ha elaborado ensayos sobre Roberto Arlt, Borges, Sarmiento, Macedonio Fernández y otros escritores argentinos.

        Piglia vivió en Estados Unidos, donde fue profesor en diversas universidades, entre las que figuran las de Harvard y Princeton, en las que dio clases durante una quincena de años. De la segunda se jubiló a fines de 2010

        Aunque estaba instalado en ese país, donde tenía casa propia (Markham Road 28) con su mujer, la artista Martha Eguía, decidió regresar a Argentina. En diciembre de 2011 llegó a Buenos Aires y comenzó a escribir, con elementos autobiográficos, la novela El camino de Ida, que publicó Anagrama en 2013.

        Después de su regreso, Piglia grabó también un programa de televisión de cuatro capítulos en los que enseña sobre Jorge Luis Borges y dirige una colección de reediciones de la literatura argentina.

        Junto al músico Gerardo Gandini compuso la ópera La ciudad ausente, basada en su propia novela, estrenada en el Teatro Colón en 1995.

        En Argentina se le declaró una enfermedad degenerativa, llamada esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que afecta las neuronas que controlan los músculos, pero no su capacidad intelectual, lo que explica que haya seguido trabajando con la ayuda de su asistente, Luisa Fernández, particularmente en la transcripción de sus diarios que lleva desde 1957 y que publicará Anagrama.

        Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas, particularmente al inglés, francés, italiano, alemán y portugués.

        Ha escrito guiones para varias películas y su novela Plata Quemada fue llevada al cine por el director Marcelo Piñeyro, film que obtuvo en España el Premio Goya 2000 al mejor largometraje extranjero de habla hispana.

        Ha recibido premios literarios en varios países, entre ellos el Premio de la Crítica 2010 (España) por Blanco nocturno.

        Ha escrito novela, cuentos y ensayos. 

Libros de Ricardo Piglia

La ciudad ausente 1992 (2013)
Prisión perpetua 1988 (2007)
La invasión 1967 (2006)

        Para mayor información ver en el blog del AULA LITERARIA, en la pestaña AYUDA, enlaces sobre su vida y obra.
b) La novela: El Camino de Ida

        Emilio Renzi, alter ego de Piglia y protagonista habitual de varias de sus novelas, recibe una invitación de una universidad norteamericana para dictar un seminario sobre Hudson.

        Su vida en Buenos Aires está como varada, perdida en un círculo vicioso de actividades sin mayor sentido. Por eso, la invitación de Ida Brown –una estrella del mundo académico, con la que años atrás ha tenido un affaire– parece ser la oportunidad de dar un giro.

         La endogámica vida del campus y la reanudación de la relación clandestina con Ida son los rieles por donde corre la primera parte, hasta que ella muere en un extraño accidente. A partir de ese momento, Renzi trata de entender lo sucedido y contrata a un detective de Nueva York para que se haga cargo de la investigación.

        La muerte de Ida parece tangencialmente conectada con una serie de atentados contra eminencias del mundo académico. Y ahí surge la figura de Thomas Monk –un brillante matemático de Berkeley–, personaje riquísimo y complejo, inspirado en el famoso Unabomber que durante casi veinte años escapó del aparato policial y del FBI.

        Destaco de esta novela los siguientes puntos:

1.- El mundo literario como forma de vida.

2.- El escritor y sus referencias literarias        , los autores que le han influido, la critica a los puntos de vista de otros a sus vidas y a sus obras.

3.- Los "Campus" americanos, islas y laboratorios de intelectuales. La realidad distorsionada.

4.- Los escritores interculturales, el pensamiento y la obra. Los estilos literarios (El idioma como identidad e ideología) (Ejemplos: Conrad, Hadson, etc)

5.- El sistema americano, la indefensión del individuo frente a sus problemas. Alternativas al sistema económico/político.

6.- El terrorismo intelectual y sus consecuencias.

7.- La violencia del hombre educado.

8.- La novedad del esquema policial.

        En el blog también incluyo, en la pestaña AYUDA, algunos enlaces para el mejor análisis de esta novela.

        En cuanto a estilos literarios leo seguidamente parte de un artículo titulado ARLT- BORGES - PIGLIA escrito por  Bárbara Schuchard:

        La novela de Pilgua rebosa teoría y discusiones literarias; una de ellas trata de lo argentino en la historia literaria del país centrándose en la importancia de Arlt, «el único escritor verdaderamente moderno que produjo la literatura argentina del siglo XX».
        Demuestra Piglia que el reproche que se ha hecho a Arlt desde un principio, a saber el de escribir mal, falta en absoluto de perspicacia histórica como teórica: porque Arlt había percibido que la lengua nacional era «el lugar donde conviven y se enfrentan distintos lenguajes, con sus registros y sus tonos», porque él trabajaba y transformaba este conglomerado.
        Lo moderno en Arlt reside para Piglia en ese distanciamiento de todo lo que significaba en la literatura argentina la idea de estilo.
        Esta idea aparece cuando la literatura consigue su autonomía, cuando comienza a «ser juzgada a partir de valores específicos [...] puramente literarios y no, como sucedía en el XIX, por sus valores políticos o sociales». Según Piglia esta idea de la autonomía y la correlativa noción de estilo nace en la Argentina «como reacción frente al impacto de la inmigración» que, para las clases dominantes, «destruye nuestra identidad nacional, nuestros valores tradicionales, etc., etc.».
        A partir de este momento la función ideológica de la literatura será la de «preservar la pureza de la lengua nacional frente a la mezcla, el entrevero, la disgregación producida por los inmigrantes».   Así se explica el papel decisivo que tuvo Leopoldo Lugones como poeta nacional que define el estilo literario argentino; de manera que también para Borges escribir bien quería decir escribir como Lugones. Arlt, el hijo de inmigrantes, ha trabajado en un sentido absolutamente opuesto y ganado su lugar de moderno, como Borges el suyo de escritor del XIX.
        Queda sobreentendido que esta mezcla y disgregación no tocan sólo a la lengua, modelan todo lo que ella acarrea: la heterogeneidad del mundo ficticio de la novela por un lado, y de la conciencia subjetiva de sus protagonistas por otro.

    En la novela se introduce como personaje destacado a Thomas Munk (Theodore Kaczynski en la vida real), matemático e ingeniero insigne que analiza la sociedad americana, rechaza sus principios y su evolución, abandona su vida cómoda, se instala en un paraje solitario y establece una estrategia para denunciar sus temores a través de un "Manifiesto".

 

        ¿Cuales son sus temores y cual su estrategia de denuncia?

 

      Supongo que todo ello será fruto de las discusiones en la tertulia.

 

        El análisis de la realidad y su crítica a través de la novela policíaca es habitual, ya hemos traído a esta tertulia  algunos autores como Petros Márkaris.


JMLH 2017 


06/01/2017.-PRESENTACION DE LA NOVELA “PEDRO PARAMO”,  DEL AUTOR JUAN RULFO, por Julian Navarro


                                       ***
Cuando propuse la lectura de PEDRO PARAMO, lo hice no solo por el hecho de estar catalogado como una de las novelas Top-cien del S.XX en Lengua Castellana, sino también por la belleza de su narrativa y riqueza de su vocabulario, en un entorno sombrío pleno de magia. También este año sería el centenario de su nacimiento.
Ahora, me place introducir algunos aspectos menos conocidos de su autor, para que podamos tener una visión más amplia, y disponer de elementos que nos ayuden a comprender con mayor profundidad su obra.
Juan Rulfo, el mexicano que se hizo famoso en el mundo entero con tan solo dos libros, recordaba su infancia como una etapa triste y difícil para su familia, a causa de los efectos directos sufridos durante la Rebelión Cristera. «Mi casa está llena de luto», decía. Su estado depresivo y solitario, fue una mochila de melancolía y amargura, que arrastró toda su vida.
La inquietud por una búsqueda de estilo, motivó a Rulfo a escribir Pedro Páramo. Contaba previamente con los personajes diseñados y su  ambientación que encajaban a la perfección con la  misma zona del país en donde habían  transcurrido sus primeros años de vida. Ya solo faltaba disponer del modo de expresarse, y lo encontró en el lenguaje escuchado a las gentes del pueblo que fuera de sus mayores, posiblemente los mismos que siguen hoy en día. Siempre negó que su novela tuviera un perfil autobiográfico.
Rulfo, reconoce que no es precisamente una novela de lectura fácil. Prefirió emplear una narración que sugiriera situaciones en lugar de explicarlas porque en realidad, el personaje central de la obra, resulta ser el pueblo de Comala, no el personaje de Páramo. Comala es un pueblo muerto, donde no viven más que ánimas. Incluso el propio narrador está muerto, porque éstos no tienen ni tiempo ni espacio, y así como aparecen se desvanecen. Es un mundo confuso, y se supone que son ánimas de los que morían en pecado,  las que regresaban al pueblo buscando redimirse, habitándolo de nuevo.
Consideraba que:
 «El proceso de creación no es tomar las cosas de la realidad, sino imaginarlas.
 Se trata de una creación completa, porque lo único real es la ubicación. Si ubicaba el personaje, podía darle una realidad, e inventar una manera de expresarse».
Con ocasión de una entrevista, le preguntaron acerca de la personalidad histórica de Jalisco, dado que de allí procedía,  y era experto en antropología indigenista y mexicana, (prehispánica y contemporánea), respondiendo ser necesario conocer la historia para entender ciertos fanatismos, y añadió textualmente:
«Yo soy de una zona donde la conquista española fue demasiado ruda. Los conquistadores ahí no dejaron ser viviente. Entraron a saco, destruyeron la población indígena, y se establecieron. Toda la región fue colonizada nuevamente por agricultores españoles. Pero el hecho de haber exterminado a la población indígena les trajo una característica muy especial; la actitud criolla hasta cierto puntos reaccionaria, conservadora de sus intereses creados. Son intereses que ellos consideraban inalienables. Era lo que ellos cobraban por haber participado en la conquista, y en la población de la región. Entonces los hijos de los pobladores, sus descendientes, siempre se consideraron dueños absolutos. Se oponían a cualquier fuerza que pareciera amenazar  su propiedad. De ahí la atmósfera de terquedad y resentimiento acumulado desde siglos atrás, que viene a ser un poco el aire respirado por Pedro Páramo desde su niñez. Su posible negativismo, no lo considero como tal, sino al contrario, ya que pone en tela de juicio estas tradiciones nefastas, en definitiva, tendencias inhumanas que traen como consecuencia la crueldad y el sufrimiento

                        DATOS BIOGRAFICOS DE JUAN RULFO
JUAN RULFO, cuyo nombre completo era Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, había nacido en el pequeño pueblo de Apulco, cercano a la ciudad de Saluya, Estado de Jalisco (México), el 16 de mayo de 1917. Su padre se llamaba Juan Nepomuceno Pérez Rulfo, y su madre respondía por María Vizcaíno Arias. Cuando tenía un año de vida sus padres cambiaron su residencia a San Gabriel, del mismo estado. Rulfo creció en el seno de una familia de ricos terratenientes que habían perdido sus tierras en tiempos de la Revolución Mexicana (1910-20) y la Guerra Cristera entre 1926-28.  En 1924 asesinaron a su padre, y tres años después su madre falleció de un ataque al corazón. También todos los hermanos de su padre fueron asesinados. Apenas tenía diez años. Fue ingresado en el Orfanato Luis Silva (Guadalajara)
Pese a su edad temprana, tuvo la oportunidad de frecuentar la biblioteca depositada en la casa familiar por el cura de San Gabriel, esencial en su formación literaria y determinante para su vocación artística. Con la lectura de las obras de Knut Hamsum, quedó impresionado al  percibir de sus planos un mundo brumoso desconocido, que contrastaba con la luz brillante de su país. Otros textos de Boyersen, Jacobsen, Laxness, también le marcaron, y le hicieron captar una sensación más optimista que el mundo áspero que vivía.  A la edad de 15 años, la huelga de la Universidad de Guadalajara le impide inscribirse en  ella, decidiendo trasladarse a la ciudad de México. En su Universidad Nacional, tampoco logra ingresar al no tener revalidados sus estudios realizados en Jalisco, sin embargo consigue asistir a cursos de historia del arte en la Facultad de Filosofía y Letras como oyente, convirtiéndose en un conocedor profundo de la bibliografía histórica, antropológica y geográfica de México.
En 1934 un Juan Rulfo, retraído, misántropo y de pocas palabras, consigue trabajo en la oficina de Inmigración de la Secretaría de Gobernación, teniendo oportunidad de viajar por todo el país. Cuentan que cuando se  le preguntaba por su misión en este Departamento, contestaba: “Me dedicaba a perseguir extranjeros ilegales, pero nunca capturé a ninguno”. Ya en esta época empezó a escribir para diversas publicaciones (América en la capital y Pan en Guadalajara). También fue fotógrafo para la fábrica de neumáticos Goodrich Euzkadi, en donde estuvo enrolado en su departamento de publicidad hasta los inicios de 1950.
Dos años más tarde,  el Centro Mexicano de Escritores le concede dos becas consecutivas 1952-53 y 1953-54, con las que inicia su carrera literaria publicando en la editorial Fondo de Cultura Económica,  la colección de cuentos “El llano en Llamas”, dedicados a analizar el paisaje jalisciense, y en 1955 aparece “Pedro Páramo”, de la que había publicado tres anticipos el año anterior en las revistas: Las letras patrias, Universidad de México y Dintel. Su segunda y última novela breve no aparece hasta 1958, titulada “El gallo de oro”, no publicado hasta 1980, con una edición definitiva en 2010, tras una cuidadosa revisión de la primera. También ha sido guionista cinematográfico de diversas películas.
El éxito de la publicación de los dos primeros títulos, hicieron que Rulfo alcanzara un prestigio literario muy relevante, por los que es universalmente reconocido y convertido en el escritor más importante de su país. Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas,  y ha conseguido galardones tan significativos como el Premio de las Letras en México (1970),  y el Premio Príncipe de Asturias a las Letras en 1983. Fue director del Instituto Nacional Indigenista de México desde 1964, encargado de la edición de una de las colecciones más importantes de antropología contemporánea y antigua de México. Falleció el siete de enero de 1986 a la edad de 67 años.
Hasta aquí los datos bibliográficos de Juan Rulfo, escritor que ha tenido una gran influencia en el desarrollo del realismo mágico, siendo la novela que vamos a comentar seguidamente su mayor exponente, por la armonía con que se permite intercalar entre dos cuentos centrales narrados, en primera y tercera persona,  otras situaciones y  otros personajes accesorios enriqueciendo la historia, los cuales requieren de la implicación del lector,
 para una interpretación adecuada.
Por último, y ya para dar paso a lo que sin duda será un interesante debate, permitirme resaltar la belleza de alguno de los párrafos atribuidos a Dolores Preciado, dulcificando el dramatismo del resto de la novela.
«… NO SENTIR OTRO SABOR, SINO EL AZAHAR DE LOS NARANJOS EN LA TIBIEZA DEL TIEMPO«

Muchas gracias.

Julián Navarro

Alicante Febrero 2017






25/01/2017.- Presentación del libro “Homo Faber”, de Max Frisch, realizada por Elena Escolano, el día 23 de febrero de 2017

Vamos a comentar un nuevo libro. El autor es Max Frisch y su novela: “Homo Faber”.

El autor es suizo. Suiza es una confederación de 26 Estados llamados Cantones, cada uno con su lengua oficial –alemán, francés, italiano o romanche --. Todo escritor se mueve en el ámbito cultural de su correspondiente idioma. Por eso no se habla de literatura suiza sin añadir el idioma en que está expresada. Por nombrar a algunos de sus más conocidos representantes recordaremos a:

Johanna Spyri (1827-1901), la “madre” de “Heidi”, escrita en alemán.

Carl Spitteler (1845-1924), ganador del Nobel de 1919. Lengua francesa.

Charles Ferdinand Ramuz (1878-1947). A su “Historia del soldado”, texto escénico en lengua francesa, le puso música Igor Stravinski. Medió una interesante correspondencia entre los dos creadores.

Blaise Cendrars (1887-1961), poeta y novelista en lengua francesa.

Friederich Dürrenmat (1921-1990), novelista, pero, sobre todo, conocido como autor teatral. Idioma alemán. “La visita de la vieja dama”, fue un gran éxito en nuestros teatros. Igualmente “La avería”.

Y Max Frisch, del que ya retomo la presentación.

Para empezar, los inevitables datos biográficos: Max Rudolf Frisch nace en Zurich en 1911 y muere en la misma ciudad en 1991. Zurich es la capital del Cantón suizo del mismo nombre –idioma oficial el alemán-- y la ciudad financiera y cultural más importante del país. Circunstancias favorables, pues, para que nuestro autor pudiera alcanzar una sólida formación tanto técnica como en Humanidades. Así, cursa estudios de Germanística en Secundaria y en la Escuela Politécnica Federal obtiene los títulos de ingeniero y arquitecto, habiendo trabajado ya como reportero del “Neue Zürcher Zeitung”, uno de los rotativos más leídos del país helvético (fue también su corresponsal en Oriente Medio y en diversos destinos europeos). En consecuencia: mente científica sí, pero “…sin desmentir jamás su esencial vocación de escritor, es actualmente uno de los más importantes autores en lengua alemana”. Así dice la contraportada de su novela “No soy Stiller” en la edición de Seix Barral de 1958 (pienso que la primera de sus publicaciones en España).

Entre las numerosas distinciones, algunas:

Premio Georg Büchner , uno de los galardones más importantes de la literatura alemana, concedido por la Academia Alemana de la Lengua y la Literatura, 1958

Premio Schiller Memorial, 1965.


Premio Schiller, 1973.


Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán , 1976.


Premio Heinrich Heine, 1989.


Doctor Honoris Causa por la Universidad de Nueva York, en los años 80.


Fue miembro de la Academia alemana de Lengua y Literatura. En 1942, tras recibir el Premio de Arquitectura de la ciudad de Zurich por un edificio de baños que aún está y lleva su nombre, abre su propio estudio y contrae matrimonio con Gertrud Constanze von Meyenburg, madre de sus tres hijos (posteriormente hubo otras dos mujeres en su vida).

En 1954 se separa de Constanze, cierra el estudio de arquitecto y se dedica a su verdadera vocación, la de escritor. Esta es la que vamos a tratar de analizar.

Hacia finales de los años 60, cuando ya llevaba publicados algunos libros, surge en Zurich una fuerte polémica acerca del cometido de la literatura y de los escritores. De ella nace el grupo “Olten”, al que se adscribe Max Frisch. También Friedrich Dürrenmatt, antes ya nombrado. El grupo Olten, en cuyos debates tuvo importante intervención Max Frisch, congrega a escritores de todos los ámbitos lingüísticos suizos. Lo anima un ideal progresista. Se disolvió en 2002.

Max Frisch es dramaturgo, además de novelista y diarista. Dejó dos diarios muy interesantes porque a sus reflexiones y vivencias añade hechos históricos y ficciones: Tagebuch 1946-1949 y Tagebuch 1969-1971.

Como dramaturgo, de entre los heterogéneos temas de sus obras, podríamos reseñar el de su drama  “ Andorra”: parábola trágica sobre las consecuencias del antisemitismo. Otros títulos importantes, “La muralla china”, “Biedermann y el incendiario”, etc. Fue gran amigo de Bertold Brecht y es, en parte, deudor de su teatro.

En el mundo de la ficción, como en todo el conjunto de su obra desde sus inicios como periodista, el tema central es el de la identidad del ser humano, su responsabilidad y el compromiso moral y político que regiría toda su vida; la lucha entre lo afectivo y lo racional; la necesidad que sus diversos personajes literarios tienen de crearse una máscara ante la presión tantas veces deshumanizada de su entorno. Reflexiones filosóficas siempre. Talante muy unamuniano sobre el “cómo nos vemos, cómo nos ven los otros y cómo somos en realidad”, que Max Frisch, casi en un calco a D. Miguel, expresa así: “¿Realmente somos las personas que los demás ven en nosotros…y viceversa, nosotros somos los creadores de los demás”? Él mismo llega a reprocharse que este pensamiento se repita de diversas formas a lo largo de toda su literatura. De ahí que, según dice Fernando Palacios León, “Leer a Frisch sea someterse a uno de los interrogatorios más apasionantes, inteligentes y comprometidos con uno mismo”. Y ya que “ Leer un libro es, en efecto, una incalculable aventura personal, un lance cuyo término depende a la vez de lo que el autor nos va diciendo… y de lo que nosotros respondemos a su callado decir”(palabras éstas en la “Nota Preliminar” al ensayo: “ La aventura de leer” de Pedro Laín Entralgo). A ese “callado decir”, yo añadiría, volviendo a Palacios en su estudio sobre Frisch : “El libro calla más de lo que cuenta. Y la pregunta que se hace Max Frisch es esta”: “¿Por qué me guardo cosas todavía?”. Algo tiene esto qué ver con Cervantes cuando dice: “…teniendo habilidad, suficiencia y entendimiento para tratar del universo todo, pide (el autor) que no se desprecie su trabajo, y se le den alabanzas, no por lo que escribe, sino por lo que ha dejado de escribir”. (Soledad Puértolas habla de esta sentencia en el Quijote, pero yo no la he encontrado dónde ella la sitúa). Posiblemente, lo mejor que puede hacer un libro por nosotros lectores es dejarnos largamente pensativos cuando lo cerramos.

La primera novela de M. Frisch, “Stiller” (“No soy Stiller”, en la traducción española), de 1954, entre autobiográfica, policiaca y filosófica, le dio gran reconocimiento como escritor. Luego vendrían otras, algunos de cuyos títulos son: “Montauk”, “Digamos que me llamo Gantenhein”, “El hombre aparece en el Holoceno”, etc.

“Homo Faber”, de la que vamos a hablar lo que queráis, apareció en 1957. Es su segunda obra de ficción. La empezó a escribir en uno de sus viajes a Nueva York. Su paso por allí está explícito en algún pasaje del libro que, como tantos otros lugares vividos o imaginados, nos describe con singular fidelidad. La misma que le caracteriza cuando se adentra en los males del alma. Utiliza la primera persona en el relato y lo divide en dos etapas a lo largo de las que va intercalando recuerdos con la realidad que vive.

¿Por qué “Homo Faber”? ¿Es el hombre de acción frente al “¿Homo Sapiens”, al hombre que piensa? En la novela, el hombre que todo lo racionaliza, que no quiere admitir el azar, después de una serie de errores, tiene que sucumbir ante él, porque sí existe, el azar.  El sentimiento de culpa le empuja a la necesidad de justificar su conducta. Y no digo más. Sólo quiero añadir por qué propuse este libro:
Puede ser importante el momento en que un libro llega a tus manos. Yo descubrí al escritor Max Frisch en la década de los 60, cuando ya había empezado a abrirse nuestro horizonte editorial hacia otros países. Hay que bendecir el año 1962, año de la publicación de “La ciudad y los perros”, de Mario Vargas Llosa, que iniciaría el camino de tantos escritores hispanos. Hay que agradecer a Carlos Barral, editor, la también publicación el mismo año de “Tiempo de silencio”, de Luis Martín Santos, libro trascendental como renovador de las técnicas literarias narrativas de la posguerra. Pues bien, sin precisión, pero en aquella década, leí “Homo Faber”, editado por Seix Barral seguramente, no recuerdo bien; aquel libro desapareció de mi casa. Traslados…no sé. Cuando el periódico El País, en 2002, puso en el mercado una serie de novelas,” Homo Faber” entre ellas, la releí, aunque la recordaba bien.  Ahora, recientemente, ordenando estanterías topé otra vez con ella, la saqué… y no dejé hoja sin repasar. Ante tanta recurrencia, un día aquí, caí en la tentación de proponerla.


E. Escolano, enero, 2017


16/01/2017.-PRESENTACIÓN DE "DR. GLAS" de HJALMAR SODERBERG, realizada por nuestro compañero J.M. León 


Hjalmar Soderberg. Dr. Glass.


Hoy los países escandinavos son ricos y muy desarrollados. La igualdad cultural y económica entre sus habitantes es la que más próxima esta de lo perfecto y casi ningún sueco actual reclama un cambio en términos de romper este equilibrio.
Pero hasta mediados del XIX estos países eran bastante más pobres que España o Italia.
En esas fechas se puso en marcha una política social de igualdad, que fue el motivo de su extraordinario desarrollo.
Podría decirse que fue en estos países donde se materializaron las ideas de la Revolución francesa.

En el caso particular de Suecia, sus políticos, tomada conciencia de su retraso en todos los ámbitos, establecieron tres metas principales, a las que dedicaron todos sus medios y todo su esfuerzo:

1. Que todos comieran suficiente y se desarrollaran en plenitud física. Había que hacer y se hicieron reformas agrarias.
2. Que la enseñanza en las escuelas fuera igual y de alto nivel para la totalidad de los niños y las niñas.
3. Que las poblaciones estuvieran bien comunicadas por carreteras y tren.

Pronto el grado de alfabetización supero los niveles de casi toda Europa, incluidas Francia e Inglaterra. Las granjas ocuparon todo el suelo fértil del país y hubo excedentes de alimentos.
En el caso de Suecia, la red de ferrocarriles intercomunicó todas las poblaciones ( a finales del XIX había puesto en servicio 5000 kilómetros)

Suecia, con el capital humano muy bien preparado que había creado, (hombres y mujeres casi por igual incorporados al mundo laboral, no doméstico), bien abastecidas las necesidades propias, aprovechó  los beneficios de sus exportaciones de materias primas (madera, hierro, acero “sueco”...) y sus manofacturas.
El resultado fue un aumento rápido de la riqueza nacional y su reparto igualitario. Probablemente hoy es el país más equilibrado del mundo en términos de desarrollo físico, igualdad cultural  y renta per cápita.

El bienestar puso en marcha también la alta cultura (literatura, artes plásticas, arquitectura y ciencias aplicadas a la tecnología).

La lengua sueca hasta estas fechas (finales del XIX) no había tenido  logros importantes en cuanto a literatura. En 1541, el rey Gustavo I adopta la Reforma Protestantes y manda traducir la Biblia a la lengua hablada, el sueco. Hasta entonces todos los registros se hacían en latín. Literatura propiamente dicha, casi que no existía y la que circulaba, siempre oral, se reducía a leyendas o canciones parecidas a nuestros romances. A esto contribuía la dispersión de la población en pequeñas agrupaciones, con pocas ciudades.
A lo largo del XVIII van apareciendo autores en verso (baladas principalmente) y prosistas, todavía de poca entidad.
Es en la segunda mitad del XIX, como un fogonazo, en paralelo con el avance de su población, surgen autores de gran renombre internacional:
August Strimberg, dramaturgo.
Selma Lageriof, Nobel 1909.
Después
Pär Lagerkvist, nobel 1951.
Recientemente
ENNing Mankel y Joan Guillom, que escriben novelas policiacas.
Astrid Lindgren (Pippi Calzasgardas).
Ya en el XXI Stieg Larsson, con su Millenium, de éxito arrollador.

Nuestro autor, Hjalmar Soderberg, (1869-1941) adquiere su madurez en la época en que el realismo está en declive y el modernismo todavía es incipiente.
Pero él en particular, es “un verso suelto,” por sus temas y su estilo y por lo que son sus personajes.
Está muy influido por la filosofía  de Federico Nietzsche, quien después de haber analizado las diversas actitudes morales ante los hechos de la vida, hace una crítica honda, pero sesgada, de la cultura, la religión y la filosofía occidentales. Nietzsched incluso se atrevió a decir “Dios ha muerto”. Más aún, “Se tú mismo,” a ultranza.
Esto es precisamente lo que hace Soderberg y, necesariamente, tenía que ganarse las críticas de sus conciudadanos, como así sucedió.  Incluso se le acusó de corruptor y tuvo que exiliarse en Dinamarca, si no perseguido, si vilipendiado por las fuerzas “vivas” suecas. Sus obras, especialmente en el caso de Dr, Glass, siguieron y siguen siendo muy populares en su país.

El, al igual que el filósofo y sus personajes, vivió una vida atormentada.

Vida y obra.
Nace en Estocolmo en julio de 1869. Su padre es un funcionario de buen nivel.
Estudia en la Universidad de Upsala y empieza a trabajar como periodista. Pronto vuelve a Estocolmo e inicia su carrera como escritor.

Sus primeros escritos (1895) fueron de corte realista, con el tema de vagabundos sin esperanza, muy de moda en aquellos momentos. Soderberg tiene entonces 26 años. Es muy joven todavía.
En 1899 publica una colección de cuentos, y en estos se hace manifiesto su estilo particular: claro, preciso, corto e irónico.
Este mismo año contrae matrimonio y tendrá tres hijos.
Con su trabajo de periodista y de escritor no puede mantener el nivel de vida al que se ha acostumbrado. En 1904 se divorcia. (No he encontrado referencias al respecto, pero parece que el motivo fue principalmente económico. Bien pudo ser otro, porque mantenía una relación con otra mujer, casada, fantasiosa, idealista, amante también de otros escritores. Esta mujer le inspiró la protagonista de un drama en tres actos “Gertrud,” llevada al cine en 1964 y premiada en Venecia en 1965.

En 1901 publica una novela con ecos autobiográficos, “La juventud de Martín Birk.”

En 1905 llega su obra más cocida,”Dr. Glass”. De ella hablaremos más adelante en esta presentación.

Se instala en Copenhague en 1906 y allí va a residir hasta su muerte.
Tiene una amante durante bastantes años y un hijo con ella. Acaban siendo matrimonio. Y, curiosamente, tiene un amigo y mecenas, que le sustentó  en sus dificultades económicas, constantes a lo largo de su vida.


“El juego serio,” su otra novela traducida al castellano, es la tercera y última obra de consideración
A partir de aquí  dedica sus esfuerzos a escribir artículos y ensayos sobre asuntos religiosos y sociales y criticas al fascismo emergente.

      Dr. Glass.

¿Es esta obra una novela propiamente dicha? A mí me parece que no, que lo que tiene de novelístico este relato es una coreografía al servicio de un único personaje, el Dr. Glass. Y que este personaje no es otra cosa que la voz del propio Soderbeerg que, emborrachado de las ideas de Nietzsched y Freud, se propone difundirlas, evitando hacerlo en forma de tratado o ensayo. Él no es un filósofo. Es un periodista y su oficio consiste en informar de lo que sea, utilizando un lenguaje divulgativo.
¿Qué mejor manera de hacerlo que crear un personaje que lleve sobre sí esta tarea? Y ¿Qué mejor manera de hacerlo que en forma de diario personal? Evidentemente  a un interlocutor el Dr. Glass no le hubiera expuesto tan a las claras  hechos criminales e ideas  tan fuera del quicio de aquella época. Para hacerlo como lo hace, solo se presta el papel.
Pero como hay novela, hay que hablar de ella.
En primer lugar quiero destacar que su traductor, Gabriel Ferrater, ha hecho un muy buen trabajo. Claro que no la traduce directamente del sueco. Lo hace, creo, que manejando las traducciones al alemán y al inglés.
Gabriel Ferrater fue un poeta catalán (1922-1972). Inició carrera de ciencias. Pero esta no era su vocación. La abandonó sin finalizarla y marchó, primero a Inglaterra y luego a Alemania, con la pretensión de trabajar en una editorial. Lo consiguió al fin en Hamburgo, como lector y consejero.
Volvió a Barcelona y trabajó en Seix Barral. Fue amigo del propio Barral y de Gil de Biedma. Publicó muchos de los versos que compuso. Murió dramáticamente. Se suicidó.

En el primer apunte de este diario, el doce de junio,  nos avanza el Dr. Glass casi todo el contenido del libro. Habla del espacio en que tienen lugar los hechos, Estocolmo soportando un verano bochornoso; su condición de solitario; quien y como es su oponente en la acción y quien es la mujer que va a motivar que las cosas sucedan como suceden.
Incluso nos pone un ejemplo bien traído, para establecer una comparación con lo que va a ocurrir, cual la causa y también lo irracional de su comportamiento:
Schopenhauer está sentado en un café. Entra un individuo, cuyo aspecto no le hace gracia al filósofo. Schopenhauer se levanta y le propina una mano de bastonazos. El filósofo, el sabio, el que más razona sobre lo humano y lo divino, pierde razón y compostura, solo por una apariencia que le desagrada.
No veo otra manera de ver este pasaje sino como una intención de establecer un paralelismo entre lo que hizo el filósofo y lo que se propone hacer el Dr Glass con Gregorius. No es propiamente una justificación, pero le está proximo.
Conoció al reverendo desde niño. Desde aquella época lejana le repugnó, por su aspecto y por sus maneras y le puso un mote:”hongo hediondo”. En la actualidad, adulto y médico de prestigio,  siente por él desprecio y asco, y le resulta odiosa su hipocondría. No lo puede ver. Haría cualquier cosa para librarse de él. Pero no tiene todavía un claro motivo.
La novela sigue con sus peripecias, de las que no hablaré.
¿Qué me parece a mí el Dr. Glass? Me parece un personaje quijotesco de clima frío, cargado de lecturas, que él ha convertido en los fundamentos de su personalidad. Sin casi contrastar lo que lee en los libros y ve en las obras de arte, se ha ido alejando del sentido común. Todavía esta en la fase que los psiquiatras hablan de disociación incipiente de personalidad. Es decir, que no es un loco, porque aun reconoce sus desvaríos.
 Sin familia, sin amigos, sin claros intereses mundanos, está hastiado de la vida que lleva y que le espera. Ahora, “posición, respetabilidad, porvenir, estás dispuesto a embarcarlo todo en el primer barco que pase cargado de acción” (hoy diríamos “he needs an adventure”) y aplica el aforismo de Nietzsched “ se tu mismo” a ultranza. Llega el momento que no ve en si razones para no llevar a cabo un hecho criminal.   
No le falta a este Quijote su dulcinea, ni su barbero,(Markel) que, conociéndolo bien dice “Hay personas que no están dotadas para la felicidad y que lo perciben con una dolorosa y despiadada lucidez. Estos no buscan la felicidad, sino el dar un poco de forma y de estilo a su infelicidad” y añadió de golpe, inesperadamente “Glass es de estos”.
No le falta tampoco un ama. Solo le falta un Sancho, que intente llevarlo a la cordura y a la realidad.
Hay también muchos momentos de poesía, que elevan el libro a niveles superiores. En fin, es un libro todo él subrayable.
No voy a decir nada más, Solo que con toda probabilidad cada uno de nosotros ha leído un libro diferente. En la discusión lo comprobaremos.

11/12/2016.-PRESENTACIÓN DE "CANTA LA PIEDRA" DE DORIS LESSING, realizada por nuestra compañera Mª Carmen Lemos:
     
     Doris Lessing nació el 22 de octubre de 1919 en Kermanshah (actual Irán) de padres británicos. Aunque se educó en Rhodesia (actual Zimbabwe) en donde vivió hasta los 30 años. Pasó una infancia problemática debido a la frustración de sus padres (especialmente de su madre) que no consiguieron realizar sus sueños como colonos. Se educó en varias escuelas de Salisbury hasta los 14 años, edad a la que abandonó los estudios
      Se casó dos veces. Primero, a los 19 años, con un funcionario con el que tuvo dos hijos. Luego, en 1944, se casó nuevamente, esta vez por conveniencia, con un exiliado alemán: Gottfried Lessing. Era éste camarada del Partido Comunista. Con él tuvo otro hijo con el que volvió a Londres cuando se fue definitivamente de África, en 1949.
      Lessing plasmó en sus obras las experiencias vividas en África. Tanto la novela que hoy presentamos, “Canta la hierba”, de sus comienzos (1950), como sus publicaciones posteriores están impregnadas de esencias del continente africano.
      El tema de la emancipación de la mujer, la oposición a la política racial en años en los que el tema no era bien recibido en Inglaterra y su paso por el Partido Comunista británico, consolidaron su imagen de firme detractora de la segregación racial en África del Sur.
     “Canta la hierba”, y su tenacidad, le abrieron camino en el mundo literario londinense a lo largo de los años 50. Además, demostró ser una notable autora de narraciones breves. También hizo incursiones en el terreno de la fantasía, como ángulo de observación de la condición humana. Es una etapa en la que rompe con el realismo tradicional para describir acontecimientos épicos y míticos de un universo ficticio.
       Su trabajo literario es extenso y aborda temas muy diferentes, siempre impregnados de reminiscencias africanas, feminismo y compromiso político. Es una escritora combativa. En una entrevista de la periodista Rosa Montero, decía que cada libro tiene su propia vida. Que, por lo general, todos los libros tienen que luchar al principio contra la negatividad y la indiferencia. Y que la gente necesita poner etiquetas a las cosas, cosa que ocurre cuando se la tilda a ella de escritora realista.
     También dijo: “Toda mi generación tiene madres frustradas y amargadas. Y todas estuvimos intentando escaparnos de lo que ellas eran” Esto lo decía a propósito del hecho de que se casara tan joven, fuera indómita, dejara dos de sus hijos tras de sí y se fuera a Londres con el más pequeño.
       Para ella, la novela habla directamente al público mientras que la poesía no es directa. No obstante, escribió también un libro de poemas titulado “Catorce Poemas”.
      Probablemente con la novela que obtuvo más fama fue con “El Cuaderno dorado”, publicada en 1962. En esta novela relata sus experiencias colonialistas, sus relaciones con otras mujeres, su vida intelectual en los ambientes progresistas y marxistas de Salisbury y de Londres, sus dificultades como novelista y su desencanto revolucionario.
      Doris Lessing incursionó en el tema del desplazamiento del dolor. Decía que suprimimos cosas de nuestra conciencia, reprimimos sentimientos y los llevamos enterrados en el corazón y, de repente, sucede algo como la muerte de Diana de Gales. En ese momento, la gente encuentra una razón para llorar, pero en realidad están llorando por sí mismos.
      Es una escritora que vivió, reflexionó sobre lo que vivió y escribió sobre ello; una especie de exploradora de la existencia. Hizo y dijo cosas poco convencionales y fue la antítesis de lo políticamente correcto, granjeándose muchas críticas. Aun siendo mayor, mantuvo la curiosidad, lo que le permitió escribir cosas nuevas.
      Fue una escritora muy reconocida: En 2001 recibió el premio Príncipe de Asturias de las Letras y en 2007 el premio Nobel de Literatura. Fue en esta oportunidad donde manifestó que a los escritores se les pregunta cómo o con qué escriben, cuando la pregunta debería ser “¿Has encontrado el espacio vacío que debe rodearte cuando escribes? A ese espacio, que es una forma de escuchar, de prestar atención, llegarán las palabras, las palabras que pronunciarán tus personajes, las ideas, la inspiración. Si un escritor no encuentra ese espacio, los poemas y los cuentos podrían nacer muertos”.
     Doris Lessing murió a los 94 años. Y, según confesó, fueron pocas las cosas que le quedaron por realizar. Dejó claro que odiaba hablar de la literatura en términos de hombre y mujer. Eso de épica femenina no le gustaba mucho. Fue una escritora maravillosa y original. Compulsiva y sin miedos.
     Doris Lessing, admiraba la obra “Una historia de la lectura” de Alberto Manguel, escritor y traductor. Y recordaba que en una charla que Goethe, poco antes de morir, afirmó: “Acabo de aprender a leer”. Y repetía una frase del poeta alemán que quizás a los tertulianos nos ayude a debatir sobre esta excelente escritora: “Es obligación común preguntarnos qué es lo innato de un libro que nos gusta, y sobre todas las cosas, valorarlo frente a nuestra propia naturaleza interna. Por el contrario, todo lo externo, lo que no tiene efecto alguno en nosotros, ni crea duda, debe prevalecer sobre cualquier crítica, la cual no sería capaz de privarnos del espacio donde mantenemos nuestra confianza”.
      El propio Alberto Manguel dijo de Doris Lessing: “La nuestra era, en un sentido literal, una amistad basada en la palabra escrita (...) Ser lector fue para Lessing una toma de poder, un acto revolucionario que nos permite acceder a la memoria del mundo, a ser ciudadanos en el sentido más profundo de la palabra. Literatura e Historia son ramas de la memoria humana. Nuestro deber es recordar, incluso lo que está por suceder.”
     En este mundo insensato y violento en el que vivimos, las palabras de Doris Lessing son un aliento y una guía. Y es con estas palabras que iniciaremos el debate de un libro donde Mary Turner, nacida en la Sudáfrica del Apartheid. Hija de unos granjeros pobres de origen europeo, se convierte en una joven urbana e independiente. Y llega a casarse para silenciar los cotilleos sociales, descubriendo cómo le sacaba de quicio la actitud de su marido que no la enfrentaba cara a cara.
     Es actual el mensaje que subyace en la anécdota  en la que el médico le receta unas vacaciones de tres meses. Y le duele que el profesional se alejara sin más y ella no pudiera permitirse ese lujo; la falta de sensibilidad. El libro está lleno de mensajes y denuncias que no pierden vigencia. Y de la manipulación en todos los órdenes. Y de los miedos… Como dice T.S. Eliot en el poema que da nombre al título: “A la luz de la luna, canta la hierba”.
                                                             María del Carmen Lemos Treviño
5 de diciembre de 2016

25/11/2016.-PRESENTACIÓN DE "ADIOS, HEMINGWAY" DE LEONARDO PADURA, realizada por nuestra compañera Pilar Modrego:


“Adiós Hemingway”, de Leonardo Padura

      Leonardo de la Caridad Padura Fuentes nace en 1955 en Mantilla, barrio de la Habana en Cuba. Cursó estudios preuniversitarios en el Instituto “Víbora”, que todavía existe y que aparece de vez en cuando en alguna de sus novelas. Posteriormente estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de la Habana. En 1980 comienza su carrera como periodista en la revista literaria “El Caimán Barbudo” y en el periódico “Juventud Rebelde”. Más tarde será conocido como ensayista, escritor de guiones audiovisuales y novelista.

      Su primera novela, “Fiebre de caballos”, la publica en 1984, pero en los seis años siguientes continúa en su faceta de periodista, escribiendo reportajes sobre hechos culturales e históricos que, como él mismo reconoce posteriormente, fueron fundamentales en su desarrollo como escritor.

   En 1991 incorpora en sus novelas al detective Mario Conde: “Pasado Perfecto”, “Vientos de Cuaresma”, “Máscaras”, “Paisaje de otoño”, “Adiós Hemingway”, “La Neblina del ayer”, “La Cola de la Serpiente” y “Herejes” 

   En estas novelas de género policiaco, el autor dice que aprendió de Hammet, de Chandler y, muy especialmente de Vázquez Montalbán. Dice que una novela policiaca puede tener una relación real con el ambiente del país en el que se desarrolla la acción, y que describe o denuncia hechos concretos, y no solo imaginarios.

   Su detective, Mario Conde, es una persona desordenada, frecuentemente borracha, descontenta y desencantada. Arrastra la melancolía que le produce el hecho de tener que ser policía cuando lo que él quiere es ser escritor. Y, claro, se siente solidario con los escritores locos y borrachos como Hemingway. Será precisamente a través de este personaje cómo Padura encuentra el reconocimiento fuera de Cuba. Y sus obras son traducidas a varias lenguas y obtiene prestigiosos premios literarios que afianzan su prestigio como escritor.

    Preguntado por qué no ha dejado la Habana como han hecho muchos de sus amigos y conciudadanos y, por contra, siga viviendo incluso en el mismo barrio en el que nació, Padura da esta respuesta: “Soy una persona conversadora. La Habana es un lugar en donde se puede siempre tener una conversación con un extranjero en una parada de la guagua”.

   Es larga la lista de premios que ha cosechado a lo largo de su carrera. Por citar alguno de los más conocidos: el Premio Café Gijón, en1995; el Premio Nacional de Literatura de la Habana, en 2012; la Orden de las Artes y las Letras en Francia, en 2013. Y el Princesa de Asturias en 2015.

   “Adiós Hemingway”, la obra que hoy comentamos, es un ensayo dentro de un relato policial. Tiene el lenguaje desenfadado, propio de novela negra. Leonardo Padura, en esta ocasión por primera vez, estructura la trama criminal para convertirla en crónica; en fábula que solo comparten el narrador y el lector.
“Adiós Hemingway” abre nuevos senderos a la novelística policial del autor. Su Mario Conde, el investigador que protagoniza todas sus novelas policíacas, ha conseguido en esta ocasión dejar la policía para dedicarse a la caza de libros interesantes. Padura ofrece así un bonito perfil para el personaje.

   La trama compleja de investigación y crónica entrelazadas, origina problemas. El propio narrador empieza preguntándose por qué habrá aceptado el caso. Él mismo se responde que muchas de las preguntas que se iba a hacer no tendrían respuesta. Le tranquilizó recordar cómo algo similar había ocurrido con muchas otras preguntas a lo largo de su existencia. Debía vivir con más interrogantes que certezas; quizás por eso ya no era policía.

   Como en otras de sus novelas policiacas anteriores, Leonardo Padura utiliza una investigación criminal como pretexto; la puerta que se abre hacia otra trama. Más que la identidad del cadáver lo que Conde busca es la verdad. O quizás la mentira-verdadera de un hombre llamado Ernest Miller Hemingway.
Uno de los aciertos de este libro es hacer que todo resulte verosímil, a pesar del enorme volumen informativo existente sobre el protagonista. Los personajes son todos tomados de la vida real, aunque se les cambie el nombre. El único totalmente inventado es “Calixto”, que no obstante cobra mucha importancia en los hechos.

    El curso de los acontecimientos sucedidos en la noche del 2 octubre de 1958, contados en la novela, es más que probable que ocurrieran tal como se cuentan, como se puede verificar en la propia biografía del famoso escritor.

    El estilo indirecto del narrador, que con tanto acierto utiliza Padura en sus novelas, establece fluidez entre los diferentes bloques narrativos. La novela dialoga con el cuento. La literatura es una gran mentira, dice Mario Conde, recordando a otro clásico. Esto es lo mejor de esa historia. El investigador debe encontrar la pista buena; el Hemingway verdadero, más allá del personaje creado por biógrafos, críticos, periodistas y el propio escritor norteamericano.

    Quizás el título de la novela pueda interpretarse como una despedida de Padura a uno de los mitos que lo ha nutrido gran parte de su vida… Pero eso es imposible. Nadie puede despedirse de un mito. Tratar de entenderlo sí, separar hasta donde sea posible al hombre de la leyenda, también… “Déjame averiguar quién era: Eso es lo que quiero…”, dice Mario Conde.

   Leonardo Padura ha escrito otras novelas en las que también figuran personajes históricos, por ejemplo: “El hombre que amaba a los perros”, basada en la historia de Ramón Mercader, el asesino de León Trotsky, que vivió sus últimos años en La Habana. El mismo caso se produce en “La novela de mi vida”, que es una novela histórico-detectivesca sobre el poeta cubano José María Heredia. “Herejes”, es otra novela histórica.

    La obra de Leonardo Padura es muy variada y abundante ya que a su faceta de escritor se añade la de guionista. Leonardo Padura es un escritor muy reconocido, por lo que tanto de su vida como de su obra podéis encontrar amplia información en la Red. Esto sólo es un esbozo.

Pilar Modrego
21 de noviembre de 2016


10/11/2016.- PRESENTACIÓN DE "CLIMAS" DE ANDRÉ MAUROIS, realizada por nuestro compañero Juan Padilla:


MAUROIS-CLIMAS

Irgman Bergman: “Si todo es perfecto en este mundo, el amor es la más perfecta de las imperfecciones”.
      Como introducción al tema que hoy nos ocupa, se han recogido noticias que durante este verano han venido apareciendo durante este verano:

A finales de Mayo se celebró en Madrid la feria del libro, dedicado en esta ocasión a Francia y a su literatura. Y, como es habitual en este tipo de celebraciones, pronto surgieron datos y opiniones en relación con este tema.

De entrada, Guillermo Altares, director de BABELIA,  con los datos de las estadísticas en las manos, mostraba que la mayoría de los libros publicados a nivel global provenían de títulos escritos en inglés. Curiosamente, en España, donde la traducción de libros del francés se situaba en segundo lugar, éstas eran tan elevadas que nos situaba, en el ranking mundial, en el segundo puesto, inmediatamente después de China; en la proporción de tres veces más que en Reino Unido y dos veces más que en EEUU. 

Había preocupación por la pérdida de la hegemonía de la literatura francesa. No estaba muy lejos el tiempo en que Borges, que se quejaba del poco interés que en Argentina había por su obra, reconocía que mejoraba cuando se  habían enterado de que sus libros se estaban traduciendo al francés. El anglófilo reconocía explícitamente la supremacía del francés.

Y en el pequeño debate consiguiente, Muñoz Molina declaraba:” la cultura se ha vuelto anglosajona. Pero a uno le gusta ser afrancesado en la defensa de los principios…disfrutar con el rigor extremo de Flaubert o pasar una tarde entera con Margueritte Duras... Después de dar muchas vueltas, me sigue gustando quedarme de vez en cuando a vivir en la lengua francesa”. 

Y caricaturizaba el valor de los conceptos de quienes, proclamando que la ilustración encerraba todos los ideales humanos, en los años 60 volvían de Francia con maletas repletas de escritos sobre el maoísmo y ejemplares de la revista LUI llenas de señoras desnudas.

Otras opiniones sobre la literatura francesa y su futuro las volvía a  recoger Altares de la directora literaria de ALFAGUARA  que sugería que, en realidad, deberíamos hablar no del libro francés sino del libro escrito en francés, ya que en los últimos tiempos se ha producido la aparición de una literatura de autores francófonos escrita en Canadá ( con Nancy Huston), o la obra de Dany Laferrière, el haitiano, que entró en mayo de 2015 en la Academia Francesa; también en Suiza; o en Bélgica,  (país con una misma frontera lingüística y con antecedentes autóctonos ilustres como Maeterlick, Emile Verhaeren, George Simenon o Margueritte  Duras y, actualmente, el notable caso de Amelie Nothomb . Y en toda la cuenca mediterránea: En el Libano, con Amin Maalouf,  que se sienta igualmente en la academia francesa, con uno de sus últimos libros, “Los desorientados”, sobre la emigración impuesta por la guerra civil a los jóvenes, que ha desplazado a millones de personas. Y también las obras de argelinos (siguiendo la estela de Camus), algún tunecino y la aportación marroquí con la aparición de “Los caballos de Dios, de Mahi Binebine, el terrible relato de la evolución psicológica de los jóvenes que viven en los basureros de Casablanca, que llegan a convertirse en los terroristas del yihadismo, llegando a inmolarse por esta idea.

Un historiador francés afirmaba que, en cierto modo, era el mismo fenómeno de renovación que el producido con el idioma español desde la aparición de “Cien años de soledad”, y la aportación literaria de la comunidad hispanoamericana.
Y por ir terminando con este tema: La feria permitía, además, una visión, aunque fuera a vista de pájaro, de la impresionante lista de escritores galos desde antes del romanticismo, el realismo, el simbolismo o el existencialismo  y todos los “ismos” posibles.

Pues bien, nos propusimos elegir entre un grupo de autores de la primera mitad del siglo XX, de esos que, en nuestra juventud, nos parecieron  enormes arboles de hojas perennes, cuya grandeza residía, precisamente, en que fueron  capaces de dar paso a los nuevos brotes verdes que marcaban el futuro.

Y entre ellos se encontraba nuestro escritor… Y para adentrarnos en su biografía,  aclararemos que André Maurois no es André Maurois, al menos al principio. Su verdadero nombre es EMILE HERZOG y pertenecía a una familia alsaciana que se traslada a Normandía cuando Francia pierde Alsacia y Lorena, tras la guerra franco-prusiana, en 1871. La familia, que desea continuar siendo francesa, decidirá reconstruir en Elbeuf sus instalaciones fabriles, aportando a la industria textil su dilatada experiencia. Años después,  Émile llegará a dirigirla. La primera guerra mundial le llevará a convertirse en enlace del ejército francés con el cuerpo expedicionario inglés. Este contacto y su gran conocimiento del mundo anglosajón le permitirán escribir su primer libro, “Los silencios del coronel Bramble”. Es en este momento en el que debe cambiar su nombre, aconsejado por su editor: André Maurois será el seudónimo por el que será conocido, que luego se convertirá en su nombre legal. (su nom de plume)

Cuando en 1918 aparece “Los silencios “editado por Grasset que ha apostado por él, la crítica se muestra favorable y entusiasta, y las nuevas ediciones se suceden. Anatole France y Kipling, a quienes les ha remitido un ejemplar, lo elogiarán. El propio Maurois escribirá, con su buena dosis de ironía   “…desconocido, yo no tenía enemigos ni molestaba a nadie y se me podía elogiar…”. 

Así, nos encontramos, ante André Maurois, un perfecto acabado de la cultura francesa: culto, refinado, historiador, novelista y biógrafo  y con una peculiaridad importante: a ese tronco imponente se le ha injertado una rama de la cultura inglesa; de ésta surgirán, entre muchas otras obras, una Historia de Inglaterra , las biografías de Byron y Disraeli, textos sobre Inglaterra y los ingleses y un importante ensayo:” Mágicos y lógicos”, recopilación de estudios sobre 9 escritores ingleses: Kipling, HG Wells, Bernard Shaw, Chesterton, Joseph Conrad, Lytton Strach, Katherine Mansfield,  D.H. Lawrence y Aldoux Huxley.

Los “mágicos” hablarán de sentimientos, los “lógicos” se basarán en la razón, con visiones parciales de la realidad. Para explicar, en muchos casos, la imposibilidad de poder llegar a la verdad, Maurois empleará la fábula hindú de los 6 sabios ciegos y el elefante, al que cada uno de los invidentes sólo le es permitido palpar una parte del cuerpo. Ninguno podrá llegar a abarcar la totalidad de aquel conjunto que es el elefante, emitiendo su opinión tras el examen parcial:

* Seis hindúes sabios, inclinados al estudio, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: «Ya veo, es como una pared». El segundo, palpando el colmillo, gritó: «Esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza». El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: «¡Dios me libre! El elefante es como una serpiente». El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: «Está claro, el elefante, es como un árbol». El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: «Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico». El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: «El elefante es muy parecido a una soga». Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco y violento en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, estaban todos equivocados.(((«Parábola de los Seis Sabios Ciegos y el Elefante.»Atribuida a Rumi, sufí persa del s. XIII.))) 

El escritor quiso demostrar así la imposibilidad de llegar a la verdad, cuando se desdeña la generalidad. 

En un momento dado, hay que acudir a sus memorias para comprender algunos aspectos de su personalidad (que estarán presentes en algunos de sus personajes) y cómo sus éxitos iniciales, y su vocación le impulsaron a dedicarse, cada vez más, a escribir, abandonando poco a poco sus lazos con la dirección de la fábrica, “bajo la mirada suspicaz de Janine, mi primera esposa”. Porque la pareja sufría por la sensación de abandono que experimentaba la mujer, considerando egoísta la actitud masculina de entrega absoluta a su labor de escritor, una actitud que, como reconocería el esposo, “parecía sufrir en mí esa seriedad inflexible que ella llamaba mi pedantería… y ese egoísmo inconsciente  del artista”. “Puesto que comprende tan bien [a sus personajes]-parecía pensar ella-, ¿por qué no cambia”.  Y él que sentía lo absorbente de su trabajo, sin poderlo remediar, comenzó a plantearse la necesidad de cambiar de actitud, pensando en la defensa de una unión que tantos momentos felices les había proporcionado.

Cuando Janine enfermó, los médicos aconsejaron un clima templado y él no dudo en acompañarla:
“Aprovéchate de mí… No me tendrás mucho tiempo para hacerte desgraciado…”
Cuando poco después falleció por una grave infección, el enamorado escribió “estar consumido de dolor y de amor”. Aun así, el intelectual en uno de sus escritos confesará:
“El hombre digno de ser llamado tal ama su trabajo sobre todas las cosas, incluso más que a la mujer que ama. Esta es una de las cosas de los hombres que las mujeres no comprenden”.

La mujer, no obstante, como fuente de  belleza y de sentimientos, goza de la admiración de Maurois. Ya de joven la idealizará.  Será la Reina de un cuento de su niñez. Y su carácter tímido y algo pedante hará que las contemple con circunspección y prudencia. Buscará en ellas a la compañera, la confidente, el amor y el intelecto: A las mujeres les envía libros: “Le vase étrusque” de Merimée y el “Intermezzo”,  de Heine…”Esperaba flores y le sorprendió. Pero yo continuaba siendo  el hombre que había sido  a los dieciocho años y que hablaba con las muchachas del “Tractatus politicus”, de Spinoza”.  No conformándose con la mujer, precisa la heroína. Buscará el ideal “más que de  carne y sangre, de claro de luna y cristal”. Una “sílfide” que va tornando hacia  Natacha, la heroína de Guerra y Paz. Y en un impulso violento cree hallar su ideal en la realidad, “porque sus cabellos tenían el color de las espigas y sus ojos la tonalidad del no-me-olvides”, pero secretamente confía, exige, que comparta con él la misma violenta pasión por la poesía y la búsqueda del conocimiento.

Cuando conoce a Simone, la que se convertirá en su segunda esposa, queda conmovido por su belleza y entusiasmado por la descripción que de ella hace Marcel Proust, amigo de la familia, a través de uno de sus personajes: “  La encontré muy bella, llena aún de esperanzas. Sonriente, formada de los mismos años que yo había perdido; se parecía a mi juventud”.  Y añádase  que de niña ha conocido a Anatole France, con quien ha visitado los museos de Paris. “Me parecía nimbada de preciosas imágenes”. Para él todo un personaje maravilloso.
Tras algunas vacilaciones por  temor a las convenciones sociales, se casaba con ella, iniciando un nuevo camino sentimental, y formando una nueva familia con los hijos de ambos.

 Publica “Ariel o La Vida de Shelley”, su primera incursión en el terreno de la biografía, a la que seguirá “Bernard Quesnay”, novela  autobiográfica. En 1929, aparecerá Climas, la que le hará realmente famoso, en la que hace un  análisis psicológico de los personajes, atrapados en sus propias contradicciones. En el relato, el hombre se convierte en la victima de la infidelidad y de las dudas. En la segunda parte, será la esposa la que sufrirá el infierno de los celos, repitiéndose aquí, como ya se  ha señalado, el caso de Sthendal  que, “aun describiendo un personaje femenino, éste no deja de ser siempre Julien Sorel, el protagonista masculino de El Rojo y el Negro”. Personajes impregnados de ese idealismo con el que él concibe la relación con la mujer, nimbada por una luz poética y exigente al tiempo. A la pregunta que se hace él mismo:"¿Es esta novela una pintura fiel de lo que es el amor?, responderá: "Que juzgue cada enamorado.” Y se podría preguntar: ¿qué es lo que pretende con esta novela? El artista, en su genialidad, busca y crea modelos con vida propia que sirvan a sus propositos, y, en este caso, intenta  coincidir con Flaubert: “No expliques la herida. Muéstrala”. Y al tropezar con el demonio de los celos- “esa pasión destructiva”- parece como si desnudase el alma de sus protagonistas, asaltando el último reducto de la intimidad de cada uno de ellos. Y lo hace con sinceridad, intensamente, sin marcarse unos límites, hasta llegar a olvidar el consejo de Voltaire, “explicarlo todo aburre”. En Climas hay como una larga reflexión sobre la naturaleza humana, su fragilidad ante un sentimiento tan absorbente como el amor, que luego se convertirá en insoportable sospecha. Hay dolor y cólera ante el engaño, pero, luego, en ese nuevo “clima”, generosidad ante la idea de que el ser amado pueda ser feliz. Maurois enseña aquí la grandeza de la pasión humana, idealizándola a través del sacrificio. Tal vez porque no quiere perder la esperanza de poder recuperar lo perdido. En un momento dado escribirá: “Vencer a los seres humanos y conducirlos a la desesperación es fácil… continúo creyendo que es mejor intentar amarlos, a pesar de ellos”.

El provinciano se convierte en un escritor mundano y cosmopolita cuando llega a Paris. Ha tenido la suerte de encontrar en su juventud la ayuda inestimable del filósofo Amiel.  Ahora se codea con grandes figuras: André Gide, Roger Martin du Gard,  Anatole France, Poincaré, Lyautey…  … Todos coinciden con él en los salones parisinos o en acontecimientos literarios. Mientras, aparecen novelas,  ensayos,  historias y biografías magistrales: Byron, Disraeli, Balzac, Napoleón, Lyautéy, Voltaire y muchas más. Se ha convertido  en el renovador del género junto a Stefan Zweig y Emil Ludwig. Un biógrafo, como se ha dicho, “que parece más bien un forense que profundiza  en el cuerpo que investiga”, removiendo en la muerte la memoria que pueda devolverlo a la vida.  Es también un conferenciante que se multiplica y que llena los recintos de un público entusiasta. Su estilo es claro, preciso, que capta al lector que se siente atraído por este escritor que parece comprender  “el mundo de los otros”. El hombre que ha sabido entender mucho mejor la reflexión de Marcel Proust: “El Universo es cierto para todos nosotros y distinto para cada uno”.  

En Junio de 1939 se celebra la sesión de ingreso del escritor en la Academia Francesa. Es la culminación de una carrera. Maurois contempla con una cierta melancolía a los amigos de juventud que le acompañan: “aquellos muchachos  con los que yo había jugado a la pelota, parecía como si se hubieran disfrazado de viejos”.

Es la víspera de graves acontecimientos que le preocupan. (Hacía meses que el gobierno había comenzado a desmontar el museo del Louvre y trasladar su contenido al castillo de Chambord). Se muestra pesimista a pocos meses del inicio de la Segunda Guerra Mundial, y no comprende la desunión de los franceses ni la incompetencia de los políticos, que se pierden en discursos vanos. Este hombre que trabaja con las palabras, llegará a escribir:
“Si se comprendiera mejor los peligros que supone el empleo de ciertas palabras, los diccionarios colocados en las librerías llevarían una faja roja que dijera:” Explosivos. Manéjese con cuidado”…”Poseemos cañones antiaéreos, pero nos faltan baterías anti oratorias”.

Se ha convertido en el escritor que él quería ser y que ha retratado en Ariel o la vida de Shelley, cuando éste, de muchacho, hace su juramento: “Juro ser prudente, justo y libre, en tanto me sea posible. Juro no hacerme cómplice por el silencio de los egoístas y los poderosos. Juro consagrar mi vida a la belleza”.
En 1941, exiliado en USA, escribe sus Memorias, que intenta  justificar: “¿Por qué no habría de intentar pintar al hombre tal como creo haberle conocido? Sabe que puede enfrentarse al riesgo de caer en un narcisismo excluyente de objetividad.  Correrá este riesgo: “El personaje es el hombre que los demás piensan que somos o hemos sido”.  Y decide explicarlo.

(Anécdota de Moliere y su epitafio: “Aquí yace Moliere, el rey de los actores. En este momento hace de muerto, y, de verdad, que lo hace muy bien").

En ocasiones cínico –(parece aceptar la tesis de Byron: “no hay mujeres inconquistables, solo mujeres mal asediadas”)-. Casi siempre, sentimental-  (buscará el ideal “más que de  carne y sangre, de claro de luna y cristal… porque sus cabellos tenían el color de las espigas y sus ojos la tonalidad del no-me-olvides”, como confiesa en sus memorias…). Y rechazará el amor a lo don Juan, que, declarará, no es otra cosa que la afición a la caza.

Y como epílogo: … Su otro papel como conferenciante o como profesor fue muy destacado. Durante sus frecuentes estancias en  los Estados Unidos comprobó que algunos profesores de Universidad desarrollaban cursos sobre cómo mejorar las relaciones entre las  jóvenes parejas norteamericanas.  Esta experiencia le decidió a escribir un guion radiofónico titulado “Curso de felicidad conyugal”, que obtuvo un buen éxito y que fue traducido para las emisoras de medio mundo. Aunque hoy el texto pueda parecer ingenuo, quisiéramos reflexionar sobre uno de sus capítulos “La corte y la conquista”. En éste, considerando el papel pasivo de la mujer de entonces, escribió: “La mujer espera al hombre, sí, pero como la araña espera a la mosca… es más bien la muchacha quien, de la amistad  o del amor, hace un matrimonio”.

Tal vez en él, en su obra, encontramos la frontera que marca la línea que separa su mundo y sus ideales de  ese otro que hemos conocido y en el que nos ha tocado vivir. Surge la pregunta de si este buen conocedor del comportamiento y de las pasiones humanas podía haber entrevisto la gran revolución social de Mayo de 1968, un  año después de su muerte.
Pero esto ya es otra historia.

Juan Padilla Coloma
AGOSTO-SEPTBRE. 2016

21/10/2016.- PRESENTACIÓN DE "EL RUIDO Y LA FURIA" DE WILLIAM FAULKNER, realizada por nuestros compañeros M. Sanchez y E. Escolano.

A) El autor y su obra ( M. Sanchez)

FAULKNER.

LOCALIZACIÓN.-  El mapa de los acontecimientos de las obras de Faulkner lo presenta en una de sus obras “Absalon Absalon”. En el se describen las tierras sureñas de Estados Unidos. Esta zona tenía 32 millones de hacendados en 1920, 15 millones en 1960 y solo 6 en 1980. El río Missisipi  discurre a lo largo de 3779 Km. Nace en el lago Itasca (Minisota). Faulkner capta el espíritu de esas tierras que también las había descrito Mark Twain: “ las aventuras de Huckleberry Finn 1885 y Las aventuras de Tom  Sawyer”. 1875 La conquista de la libertad con responsabilidad. (M. Twain nació y vivió en Hannibal ciudad del estado de Misuri)
Toda la literatura moderna estadounidense procede de un libro escrito por Mark Twain llamado Huckleberry Finn. [...] Todos los textos estadounidenses proceden de este libro. Nada hubo antes. Nada tan bueno ha habido después.

Las verdes colinas de África, Ernest Hemingway

 La guerra de Secesión en Usa dividió el país entre el  norte industrial y progresista y el sur conservador y cultivador de tierras ricas para la producción del algodón y el tabaco. Las gentes del sur querían mantener  la esclavitud de los negros que tanto beneficio gratuito les aportaba.
Esas tierras habían sido ricas y prósperas pero durante la niñez del escritor eran pobres y agonizantes tras la Guerra de Secesión.
En sus obras describe muy bien esa zona del Missisipi.

VIDA.- Faulkner nace en  New Albany 1897- Missisipi- y muere en el Oxford americano en el seno de una familia tradicional del sur. Uno de sus abuelos fue  militar e intervino en la guerra separatista entre en Norte y el Sur.
Se alistó en la Raf británica al ser rechazado en el ejército de Estados unidos. Pasó varios años en París con miembros de la Generación Perdida- sin pertenecer al grupo- en los años veinte. Le encantaban los “jardines de Luxemburgo” y escribió sobre ellos incorporándolo en su obra “Santuario”. Volvió a su país y ejerció varios trabajos hasta que se concentró  en la escritura combinándola con algunas actividades agrícolas. De esta época procede su obra “La paga del soldado”
Se aficionó al alcohol con exceso (Bourbom, whisky norteamericano de Kentucky). Siente nostalgia de un  pasado glorioso.
Fue universitario pero no terminó ninguna carrera.
Pasó algún tiempo en Nueva Orlean con  Anderson, en Hollywood y en Nueva York

OBRA LITERARIA.

Su obra es abundante y variada: novelas, relatos, poesía teatro y guiones para el cine. El cine adaptó algunas de sus obras para las que escribió el guión.

Relatos como “una rosa para Emilia”

 Novelas: “El ruido y la Furia” 1929.

“mientras agonizo” es una historia de Addie Bundres y su familia de seis hijos. Se une lo trágico, lo cómico y lo grotesco. Aparecen las inundaciones del Missisipi. Es su mejor obra según Bloom.

“Luz de agosto” 1932.  hay un drama entre negros y blancos. Refleja una sociedad traumatizada por la paranoia racista y la violencia.

“Santuario” que desarrolla dos historias paralelas. Se produce una violación y una condena injusta. Esta obra es la más vendida.

TEMAS.

Diferencia de clases: ricos y pobres; de razas: blancos y negros; mundo rural, fatalidad y violencia. Trata temas personales  y existenciales hasta el punto que Sartre lo considera como pionero del existencialismo, “para los jóvenes de   Francia, Faulkner es un dios”. Faulkner pone toda la carne en el asador y monta tragedias cósmicas que ríase usted de SÓFOCLES. (semejanza de sus personajes con los de Sakespeare). ”. También trata asuntos nacionales y simbólicos
El conjunto de  “su literatura está marcada por  el paso de una sociedad arcaica a otra moderna”

TÉCNICA LITERARIA.-

La lectura de Faulkner causa placer y desconcierto por la innovación de la técnica literaria empleada. Pertenece a lo que se ha denominado “novela experimental”.

En su obra abunda el monólogo interior, hay múltiples narradores- el tiempo es percibido por cada persona de una manera diferente, no necesariamente de forma cronológica 
Oralidad de la narración: extraía temas que oía  en los relatos de los negros.
Desorden fragmentario. Abunda el barroquismo de los párrafos hasta el punto de que Heminway decía que le cambiaba los largos de Faulkner por dos de sus frases cortas. Los críticos de su tiempo quedaban desconcertados por aquellas frases tan largas. También se sirve de alegorías bíblicas (Benjy asociado a Banjamin bíblico) y se asemeja con personajes de Sakespeare como puede observarse en “el ruido y la fuiria”. El título de esta obra está sacado del Macbeth del británico.” La vida es un cuento contado por un idiota lleno de ruído y furia y que nada significa”.
Otro aspecto  importante de su técnica es lo que se ha llamado “torrente de conciencia” o presentación directa de los pensamientos aparecidos en la mente antes de su ordenación o estructuración racional.
 También se habla de “tiempo mutilado”  no tiempo según la importancia cronológica sino el del corazón y la conciencia. El personaje de Benjy en “el ruído y la furia” es ravelador al respecto.-

INFLUJOS RECIBIDOS Y TRANSMITIDOS.

Joyce sería su mentor en el empleo de su técnica literaria.
Otros autores importantes para él fueron: Tomas Mann –“los Buddenbrook” y la decadencia de una familia de comerciantes alemanes; Poe: “la caída de la casa Usher” derrumbe moral de una familia.
Faulkner  influye en autores como García Márquez (su Macondo sería el Missisipi de Faulkner, y en su obra “vivir para contarlo”; También en otros autores tales como  Onetti, Vargas Llosa, “el pez en el agua”
 y otros como Rulfo “Comala”. 
La película de Woody Allen “Midnight in Paris” (1911) refleja el ambiente de la Generación perdida en París. (Faulkner estuvo cinco años en París,  pero no llegó a pertenecer a la Generación Perdida).
Vargas Llosa afirmó en Alicante cuando fue investido doctor honoris causa en 2009: “sin él (Faulkner) no habría habido novela moderna en América Latina”.

EL RUIDO Y LA FURIA.

Siguiendo el consejo de Sherfwood Anderson (1876-1941): “apegarse a la aldea, escríbir sobre Oxford y sus alrededores. Era la versión norteamericana del consejo de Turgueniev: "Pinta tu aldea y serás universal". Faulkner lo siguió toda la vida, con una salvedad importante: en lugar del condado real de Lafayette, inventó Yoknapatawpha, y en lugar del pueblo de Oxford, puso el de Jefferson. Mantuvo, en cambio, el gran río, con su leyenda y misterio. El río de los blues, del jazz, de los gospel songs, de las cacerías de osos y de patos salvajes, de las inundaciones temibles, de los barcos blancos a rueda y de las barcazas cargadas de algodón y manejadas por negros de espaldas sudorosas”

“La presencia próxima del Misisipí es lo que domina el lugar. Misisipí: río grande, padre de las aguas, según los nativos. El primer europeo que lo vio, y que se sintió deslumbrado por su caudal poderoso, fue el español Hernando de Soto. Iba en busca de oro y sólo encontró aguas ancestrales, plantaciones de maíz, tribus indígenas y ratas que amenazaban aquellas plantaciones. Su trato a los indios, según las crónicas, no fue precisamente benévolo. Dejó tras de sí una leyenda de sangre y se retiró con las manos vacías. El oro lo descubrirían los plantadores norteamericanos de la década de 1830, en forma de copos de algodón. La riqueza algodonera produjo mansiones neogriegas, parques, muebles franceses, vajillas de plata maciza, a poca distancia de los barracones de los esclavos negros, y desembocó en los cuatro años cruentos, implacables, de la llamada guerra de Secesión.”

En estos dos párrafos queda descrito el mapa en el que se desarrollaron las narraciones de Faulkner.

“El Ruído y la Furia” es una novela vanguardista y resulta difícil de entender especialmente por su técnica literaria y las innovaciones que introduce Faulkner.

Explicación del título
El título de la novela alude a un soliloquio del acto 5, escena 5 del Macbeth de Shakespeare. A continuación presentamos una traducción acompañada de indicaciones sobre el texto realizadas por Elizabeth Kerr, entre paréntesis:
Mañana, y mañana y mañana
Se desliza en este mezquino paso de día a día,
A la última sílaba del tiempo testimoniado:
Y todos nuestros ayeres han testimoniado a los tontos
El camino a la muerte polvorienta (el señor Compson) Muere, muere vela fugaz!
La vida no es más que una sombra andante (Quentin) jugador deficiente
Que apuntala (Jason) y realza (la señora Compson) su hora en el escenario
Y después ya no se escucha más. Es un cuento
Relatado por un idiota (Benjy), lleno de ruido y furia,
Sin significado alguno.

Argumento ( Según  Wikipedia)
Introducción temática
Novela influida por Ulises de James Joyce, narra la decadencia y destrucción final de un viejo linaje del tradicionalista sur de Estados Unidos (el famoso Deep South) o sur profundo, desde el punto de vista de los últimos sobrevivientes degenerados de dicha familia. Los Compson, protagonistas de la decadencia familiar, son presentados en las voces de tres de sus miembros y de Dilsey, la sirvienta negra, considerada como de la familia por la cantidad de años que lleva al lado de ellos. De este modo, cada una de las secciones del libro son algo así como el testimonio de uno de los Compson.
La primera sección es la relatada por Benjy, un débil mental para quien el mundo, su mundo, se basa más en percepciones que personas y objetos. La segunda sección es la relatada por Quentin Compson, hermano del anterior, poco antes de suicidarse en Harvard, Massachusetts. La tercera parte es relatada por Jason, también hermano de los anteriores. La cuarta parte, según el propio Faulkner, es la única que no es relatada por un miembro del clan Compson, sino por él mismo. Esta última parte, sin embargo, está construida como un punto de vista de tercera persona focalizada en Dilsey, la sirviente negra de la familia Compson. Esta sección permite reordenar y dar sentido a las acciones y pensamientos de los demás personajes. Existe un personaje Compson que no relata, Candace (Caddy), la hermana de los otros tres Compson, sin embargo varios lectores y el propio Faulkner coinciden en que ella es la verdadera heroína de la novela.
Esta estructura narrativa dota a la novela de una sensación polifónica, en la cual los hechos son presentados bajo el punto de vista de distintos narradores con su peculiar manera de ver los mismos hechos que se narran en el fondo.
La novela consta de cuatro capítulos. Los tres primeros tienen como narrador la primera persona  Benjy, Quente y Jason. Los tres hermanos. El cuarto capítulo es narrado por un narrador omnisciente (Dilsey). Dilsey es la sirvienta negra matriarca de la familia Compson. Ella es testigo de la destrucción de los Compson. Dilsey parece tener esperanza. La asistencia a la misa de resurrección puede simbolizar la esperanza de que Benjy puedea ser feliz”  el tonto feliz?         

Entrevistas 
La mítica entrevista a William Faulkner para Paris Review 
Por Redacción Nalgas y Libros    5 diciembre, 2015 
-¿Existe alguna fórmula que sea posible seguir para ser un buen novelista?
-99% de talento… 99% de disciplina… 99% de trabajo. El novelista nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno puede apuntar. No preocuparse por ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo. Un artista es una criatura impulsada por demonios. No sabe por qué ellos lo escogen y generalmente está demasiado ocupado para preguntárselo. Es completamente amoral en el sentido de que será capaz de robar, tomar prestado, mendigar o despojar a cualquiera y a todo el mundo con tal de realizar la obra.
-¿Quiere usted decir que el artista debe ser completamente despiadado?
-El artista es responsable sólo ante su obra. Será completamente despiadado si es un buen artista. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe librarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro. Si un artista tiene que robarle a su madre, no vacilará en hacerlo…
-Entonces la falta de seguridad, de felicidad, honor, etcétera, ¿sería un factor importante en la capacidad creadora del artista?
-No. Esas cosas sólo son importantes para su paz y su contento, y el arte no tiene nada que ver con la paz y el contento.
-Entonces, ¿cuál sería el mejor ambiente para un escritor?
-El arte tampoco tiene nada que ver con el ambiente; no le importa dónde está. Si usted se refiere a mí, el mejor empleo que jamás me ofrecieron fue el de administrador de un burdel. En mi opinión, ese es el mejor ambiente en que un artista puede trabajar. Goza de una perfecta libertad económica, está libre del temor y del hambre, dispone de un techo sobre su cabeza y no tiene nada qué hacer excepto llevar unas pocas cuentas sencillas e ir a pagarle una vez al mes a la policía local. El lugar está tranquilo durante la mañana, que es la mejor parte del día para trabajar. En las noches hay la suficiente actividad social como para que el artista no se aburra, si no le importa participar en ella; el trabajo da cierta posición social; no tiene nada qué hacer porque la encargada lleva los libros; todas las empleadas de la casa son mujeres, que lo tratarán con respeto y le dirán “señor”. Todos los contrabandistas de licores de la localidad también le dirán “señor”. Y él podrá tutearse con los policías. De modo, pues, que el único ambiente que el artista necesita es toda la paz, toda la soledad y todo el placer que pueda obtener a un precio que no sea demasiado elevado. Un mal ambiente sólo le hará subir la presión sanguínea, al hacerle pasar más tiempo sintiéndose frustrado o indignado. Mi propia experiencia me ha enseñado que los instrumentos que necesito para mi oficio son papel, tabaco, comida y un poco de whisky.
-¿Bourbon?
-No, no soy tan melindroso. Entre escocés y nada, me quedo con escocés.
-Usted mencionó la libertad económica. ¿La necesita el escritor?
-No. El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel. Que yo sepa nunca se ha escrito nada bueno como consecuencia de aceptar dinero regalado. El buen escritor nunca recurre a una fundación. Está demasiado ocupado escribiendo algo. Si no es bueno de veras, se engaña diciéndose que carece de tiempo o de libertad económica. El buen arte puede ser producido por ladrones, contrabandistas de licores o cuatreros. La gente realmente teme descubrir exactamente cuántas penurias y pobreza es capaz de soportar. Y a todos les asusta descubrir cuán duros pueden ser. Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte. Los que son buenos no se preocupan por tener éxito o por hacerse ricos. El éxito es femenino e igual que una mujer: si uno se le humilla, le pasa por encima. De modo, pues, que la mejor manera de tratarla es mostrándole el puño. Entonces tal vez la que se humille será ella.
-¿Trabajar para el cine es perjudicial para su propia obra de escritor?
-Nada puede perjudicar la obra de un hombre si éste es un escritor de primera, nada podrá ayudarlo mucho. El problema no existe si el escritor no es de primera, porque ya habrá vendido su alma por una piscina.
-Usted dice que el escritor debe transigir cuando trabaja para el cine. ¿Y en cuanto a su propia obra? ¿Tiene alguna obligación con el lector?
-Su obligación es hacer su obra lo mejor que pueda hacerla; cualquier obligación que le quede después de eso, puede gastarla como le venga la gana. Yo, por mi parte, estoy demasiado ocupado para preocuparme por el público. No tengo tiempo para pensar en quién me lee. No me interesa la opinión de Juan Lector sobre mi obra ni sobre la de cualquier otro escritor. La norma que tengo que cumplir es la mía, y esa es la que me hace sentir como me siento cuando leo La tentación de Saint Antoine o el Antiguo Testamento. Me hace sentir bien, del mismo modo que observar un pájaro me hace sentir bien. Si reencarnara, sabe usted, me gustaría volver a vivir como un zopilote. Nadie lo odia, ni lo envidia, ni lo quiere, ni lo necesita. Nadie se mete con él, nunca está en peligro y puede comer cualquier cosa.
-¿Qué técnica utiliza para cumplir su norma?
-Si el escritor está interesado en la técnica, más le vale dedicarse a la cirugía o a colocar ladrillos. Para escribir una obra no hay ningún recurso mecánico, ningún atajo. El escritor joven que siga una teoría es un tonto. Uno tiene que enseñarse por medio de sus propios errores; la gente sólo aprende a través del error. El buen artista cree que nadie sabe lo bastante para darle consejos, tiene una vanidad suprema. No importa cuánto admire al escritor viejo, quiere superarlo.
-Entonces, ¿usted niega la validez de la técnica?
-De ninguna manera. Algunas veces la técnica arremete y se apodera del sueño antes de que el propio escritor pueda aprehenderlo. Eso es tour de force y la obra terminada es simplemente cuestión de juntar bien los ladrillos, puesto que el escritor probablemente conoce cada una de las palabras que va a usar hasta el fin de la obra antes de escribir la primera. Eso sucedió con Mientras agonizo. No fue fácil. Ningún trabajo honrado lo es. Fue sencillo en cuanto que todo el material estaba ya a la mano. La composición de la obra me llevó sólo unas seis semanas en el tiempo libre que me dejaba un empleo de doce horas al día haciendo trabajo manual. Sencillamente me imaginé un grupo de personas y las sometí a las catástrofes naturales universales, que son la inundación y el fuego, con una motivación natural simple que le diera dirección a su desarrollo. Pero cuando la técnica no interviene, escribir es también más fácil en otro sentido. Porque en mi caso siempre hay un punto en el libro en el que los propios personajes se levantan y toman el mando y completan el trabajo. Eso sucede, digamos, alrededor de la página 275. Claro está que yo no sé lo que sucedería si terminara el libro en la página 274. La cualidad que un artista debe poseer es la objetividad al juzgar su obra, más la honradez y el valor de no engañarse al respecto. Puesto que ninguna de mis obras ha satisfecho mis propias normas, debo juzgarlas sobre la base de aquélla que me causó la mayor aflicción y angustia del mismo modo que la madre ama al hijo que se convirtió en ladrón o asesino más que al que se convirtió en sacerdote.
-¿Qué obra es ésa?
-El Sonido y la Furia. La escribí cinco veces distintas, tratando de contar la historia para librarme del sueño que seguiría angustiándome mientras no la contara. Es una tragedia de dos mujeres perdidas: Caddy y su hija. Dilsey es uno de mis personajes favoritos porque es valiente, generosa, dulce y honrada. Es mucho más valiente, honrada y generosa que yo.
-¿Cómo empezó El Sonido y la Furia?
-Empezó con una imagen mental. Yo no comprendí en aquel momento que era simbólica. La imagen era la de los fondillos enlodados de los calzoncitos de una niña subida a un peral, desde donde ella podía ver a través de una ventana el lugar donde se estaba efectuando el funeral de su abuela y se lo contaba a sus hermanos que estaban al pie del árbol. Cuando llegué a explicar quiénes eran ellos y qué estaban haciendo y cómo se habían enlodado los calzoncitos de la niña, comprendí que sería imposible meterlo todo en un cuento y que el relato tendría que ser un libro. Y entonces comprendí el simbolismo de los calzoncitos enlodados, y esa imagen fue reemplazada por la de la niña huérfana de padre y madre que se descuelga por el tubo de desagüe del techo para escaparse del único hogar que tiene, donde nunca ha recibido amor ni afecto ni comprensión. Yo había empezado a contar la historia a través de los ojos del niño idiota, porque pensaba que sería más eficaz si la contaba alguien que sólo fuera capaz de saber lo que sucedía, pero no por qué. Me di cuenta de que no había contado la historia esa vez. Traté de volver a contarla, ahora a través de los ojos de otro hermano. Tampoco resultó. La conté por tercera vez a través de los ojos del tercer hermano. Tampoco resultó. Traté de reunir los fragmentos y de llenar las lagunas haciendo yo mismo las veces de narrador. Todavía no quedó completa, hasta quince años después de la publicación del libro, cuando escribí, como apéndice de otro libro, el esfuerzo final para acabar de contar la historia y sacármela de la cabeza de modo que yo mismo pudiera sentirme en paz. Ese es el libro por el que siento más ternura. Nunca pude dejarlo de lado y nunca pude contar bien la historia, aun cuando lo intenté con ahínco y me gustaría volver a intentarlo, aunque probablemente fracasaría otra vez.
-¿Qué emoción suscita Benjy en usted?
-La única emoción que puedo sentir por Benjy es aflicción y compasión por toda la humanidad. No se puede sentir nada por Benjy porque él no siente nada. Lo único que puedo sentir por él personalmente es preocupación en cuanto a que sea creíble tal cual yo lo creé. Benjy fue un prólogo, como el sepulturero en los dramas isabelinos. Cumple su cometido y se va. Benjy es incapaz del bien y del mal porque no tiene conocimiento alguno del bien y del mal.
-¿Podía Benjy sentir amor?
-Benjy no era lo suficientemente racional ni siquiera para ser un egoísta. Era un animal. Reconocía la ternura y el amor, aunque no habría podido nombrarlos; y fue la amenaza a la ternura y al amor lo que lo llevó a gritar cuando sintió el cambio en Caddy. Ya no tenía a Caddy; siendo un idiota, ni siquiera estaba consciente de la ausencia de Caddy. Sólo sabía que algo andaba mal, lo cual creaba un vacío en el que sufría. Trató de llenar ese vacío. Lo único que tenía era una de las pantuflas desechadas de Caddy. La pantufla era la ternura y el amor de Benjy que éste podría haber nombrado, y sólo sabía que le faltaban. Era mugroso porque no podía coordinar y porque la mugre no significaba nada para él. Así como no podía distinguir entre el bien y el mal, tampoco podía distinguir entre lo limpio y lo sucio. La pantufla le daba consuelo aun cuando ya no recordaba la persona a la que había pertenecido, como tampoco podía recordar por qué sufría. Si Caddy hubiese reaparecido, Benjy probablemente no la habría reconocido.
-¿Ofrece ventajas artísticas el componer la novela en forma de alegoría, como la alegoría cristiana que usted utilizó en Una fábula?
-La misma ventaja que representa para el carpintero construir esquinas cuadradas al construir una casa cuadrada. En Una fábula, la alegoría cristiana era la alegoría indicada en esa historia particular, del mismo modo que una esquina cuadrada oblonga es la esquina indicada para construir una casa rectangular oblonga.
-¿Quiere decir que un artista puede usar el cristianismo simplemente como cualquier otra herramienta, de la misma manera que un carpintero tomaría prestado un martillo?
-Al carpintero del que estamos hablando nunca le falta ese martillo. A nadie le falta cristianismo, si nos ponemos de acuerdo en cuanto al significado que le damos a la palabra. Se trata del código de conducta individual de cada persona, por medio del cual ésta se hace un ser humano superior al que su naturaleza quiere que sea si la persona sólo obedece a su naturaleza. Cualquiera que sea su símbolo -la cruz o la media luna o lo que fuere-, ese símbolo es para el hombre el recordatorio de su deber como miembro de la raza humana. Sus diversas alegorías son los modelos con los que se mide a sí mismo y aprende a conocerse. La alegoría no puede enseñar al hombre a ser bueno del mismo modo que el libro de texto le enseña matemáticas. Le enseña cómo descubrirse a sí mismo, cómo hacerse de un código moral y de una norma dentro de sus capacidades y aspiraciones al proporcionarle un ejemplo incomparable de sufrimiento y sacrificio y la promesa de una esperanza. Los escritores siempre se han nutrido, y siempre se nutrirán de las alegorías de la conciencia moral, por la razón de que las alegorías son incomparables: los tres hombres de Moby Dick, que representan la trinidad de la conciencia: no saber nada, saber y no preocuparse, y saber y preocuparse. La misma trinidad está representada en Una fábula por el viejo aviador judío, que dice “Esto es terrible. Me niego a aceptarlo, aun cuando deba rechazar la vida para hacerlo”; el viejo cuartelmaestre francés, que dice: “Esto es terrible, pero podemos llorar y soportarlo”; y el mismo mensajero del batallón inglés que dice: “Esto es terrible, voy a hacer algo para remediarlo”.
-¿Fueron reunidos en un solo volumen los dos temas no relacionados de Las palmeras salvajes con algún propósito simbólico? ¿Se trata, como sugieren algunos críticos, de una especie de contrapunto estético o de una simple casualidad?
-No, no. Aquello era una historia: la historia de Charlotte Rittenmeyer y Harry Wilbourne, que lo sacrificaron todo por el amor y después perdieron eso. Yo no sabía que iban a ser dos historias separadas sino después de haber empezado el libro. Cuando llegué al final de lo que ahora es la primera sección de Las palmeras salvajes, comprendí súbitamente que faltaba algo, que la historia necesitaba énfasis, algo que la levantara como el contrapunto en la música. Así que me puse a escribir El viejo hasta que Las palmeras salvajes volvió a ganar intensidad. Entonces interrumpí El viejo en lo que ahora es su primera parte y reanudé la composición de Las palmeras salvajes hasta que empezó a decaer nuevamente. Entonces volví a darle intensidad con otra parte de su antítesis, que es la historia de un hombre que conquistó su amor y pasó el resto del libro huyendo de él, hasta el grado de volver voluntariamente a la cárcel en que estaría a salvo. Son dos historias sólo por casualidad, tal vez por necesidad. La historia es la de Charlotte y Wilbourne.
-¿Qué porción de sus obras se basan en la experiencia personal?

-No sabría decirlo. Nunca he hecho la cuenta, porque la “porción” no tiene importancia. Un escritor necesita tres cosas: experiencia, observación e imaginación. Cualesquiera dos de ellas, y a veces una puede suplir la falta de las otras dos. En mi caso, una historia generalmente comienza con una sola idea, un solo recuerdo o una sola imagen mental. La composición de la historia es simplemente cuestión de trabajar hasta el momento de explicar por qué ocurrió la historia o qué otras cosas hizo ocurrir a continuación. Un escritor trata de crear personas creíbles en situaciones conmovedoras creíbles de la manera más conmovedora que pueda. Obviamente, debe utilizar, como uno de sus instrumentos, el ambiente que conoce. Yo diría que la música es el medio más fácil de expresarse, puesto que fue el primero que se produjo en la experiencia y en la historia del hombre. Pero puesto que mi talento reside en las palabras, debo tratar de expresar torpemente en palabras lo que la música pura habría expresado mejor. Es decir, que la música lo expresaría mejor y más simplemente, pero yo prefiero usar palabras, del mismo modo que prefiero leer a escuchar. Prefiero el silencio al sonido, y la imagen producida por las palabras ocurre en el silencio. Es decir, que el trueno y la música de la prosa tienen lugar en el silencio.
-Usted dijo que la experiencia, la observación y la imaginación son importantes para el escritor. ¿Incluiría usted la inspiración?
-Yo no sé nada sobre la inspiración, porque no sé lo que es eso. La he oído mencionar, pero nunca la he visto.
-Se dice que usted como escritor está obsesionado por la violencia.
-Eso es como decir que el carpintero está obsesionado con su martillo. La violencia es simplemente una de las herramientas del carpintero. El escritor, al igual que el carpintero, no puede construir con una sola herramienta.
-¿Puede usted decir cómo empezó su carrera de escritor?
-Yo vivía en Nueva Orleáns, trabajando en lo que fuera necesario para ganar un poco de dinero de vez en cuando. Conocí a Sherwood Anderson. Por las tardes solíamos caminar por la ciudad y hablar con la gente. Por las noches volvíamos a reunirnos y nos tomábamos una o dos botellas mientras él hablaba y yo escuchaba. Antes del mediodía nunca lo veía. Él estaba encerrado, escribiendo. Al día siguiente volvíamos a hacer lo mismo. Yo decidí que si esa era la vida de un escritor, entonces eso era lo mío y me puse a escribir mi primer libro. En seguida descubrí que escribir era una ocupación divertida. Incluso me olvidé de que no había visto al señor Anderson durante tres semanas, hasta que él tocó a mi puerta -era la primera vez que venía a verme- y me preguntó: “¿Qué sucede? ¿Está usted enojado conmigo?”. Le dije que estaba escribiendo un libro. Él dijo: “Dios mío”, y se fue. Cuando terminé el libro, La paga de los soldados, me encontré con la señora Anderson en la calle. Me preguntó cómo iba el libro y le dije que ya lo había terminado. Ella me dijo: “Sherwood dice que está dispuesto a hacer un trato con usted. Si usted no le pide que lea los originales, él le dirá a su editor que acepte el libro”. Yo le dije “trato hecho”, y así fue como me hice escritor.
-¿Qué tipo de trabajo hacía usted para ganar ese “poco dinero de vez en cuando”?
-Lo que se presentara. Yo podía hacer un poco de casi cualquier cosa: manejar lanchas, pintar casas, pilotar aviones. Nunca necesitábamos mucho dinero porque entonces la vida era barata en Nueva Orleáns, y todo lo que quería era un lugar donde dormir, un poco de comida, tabaco y whisky. Había muchas cosas que yo podía hacer durante dos o tres días a fin de ganar suficiente dinero para vivir el resto del mes. Yo soy, por temperamento, un vagabundo y un golfo. El dinero no me interesa tanto como para forzarme a trabajar para ganarlo. En mi opinión, es una vergüenza que haya tanto trabajo en el mundo. Una de las cosas más tristes es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas, día tras día, es trabajar. No se puede comer ocho horas, ni beber ocho horas diarias, ni hacer el amor ocho horas… lo único que se puede hacer durante ocho horas es trabajar. Y esa es la razón de que el hombre se haga tan desdichado e infeliz a sí mismo y a todos los demás.
-Usted debe sentirse en deuda con Sherwood Anderson, pero, ¿qué juicio le merece como escritor?
-Él fue el padre de mi generación de escritores norteamericanos y de la tradición literaria norteamericana que nuestros sucesores llevarán adelante. Anderson nunca ha sido valorado como se merece. Dreiser es su hermano mayor y Mark Twain el padre de ambos.
-Y, ¿en cuanto a los escritores europeos de ese período?
-Los dos grandes hombres de mi tiempo fueron Mann y Joyce. Uno debe acercarse alUlysses de Joyce como el bautista analfabeto al Antiguo Testamento: con fe.
-¿Lee usted a sus contemporáneos?
-No; los libros que leo son los que conocí y amé cuando era joven y a los que vuelvo como se vuelve a los viejos amigos: El Antiguo Testamento, Dickens, Conrad, Cervantes… leo el Quijote todos los años, como algunas personas leen la Biblia. Flaubert, Balzac -éste último creó un mundo propio intacto, una corriente sanguínea que fluye a lo largo de veinte libros-, Dostoyevski, Tolstoi, Shakespeare. Leo a Melville ocasionalmente y entre los poetas a Marlowe, Campion, Jonson, Herrik, Donne, Keats y Shelley. Todavía leo a Housman. He leído estos libros tantas veces que no siempre empiezo en la primera página para seguir leyendo hasta el final. Sólo leo una escena, o algo sobre un personaje, del mismo modo que uno se encuentra con un amigo y conversa con él durante unos minutos.
-¿Y Freud?
-Todo el mundo hablaba de Freud cuando yo vivía en Nueva Orleáns, pero nunca lo he leído. Shakespeare tampoco lo leyó y dudo que Melville lo haya hecho, y estoy seguro de que Moby Dick tampoco.
-¿Lee usted novelas policíacas?
-Leo a Simenon porque me recuerda algo de Chéjov.
-¿Y sus personajes favoritos?
-Mis personajes favoritos son Sarah Gamp: una mujer cruel y despiadada, una borracha oportunista, indigna de confianza, en la mayor parte de su carácter era mala, pero cuando menos era un carácter; la señora Harris, Falstaf, el Príncipe Hall, don Quijote y Sancho, por supuesto. A lady Macbeth siempre la admiro. Y a Bottom, Ofelia y Mercucio. Este último y la señora Gamp se enfrentaron con la vida, no pidieron favores, no gimotearon. Huckleberry Finn, por supuesto, y Jim. Tom Sawyer nunca me gustó mucho: un mentecato. Ah, bueno, y me gusta Sut Logingood, de un libro escrito por George Harris en 1840 ó 1850 en las montañas de Tenesí. Lovingood no se hacía ilusiones consigo mismo, hacía lo mejor que podía; en ciertas ocasiones era un cobarde y sabía que lo era y no se avergonzaba; nunca culpaba a nadie por sus desgracias y nunca maldecía a Dios por ellas.
-Y, ¿en cuanto a la función de los críticos?
-El artista no tiene tiempo para escuchar a los críticos. Los que quieren ser escritores leen las críticas, los que quieren escribir no tienen tiempo para leerlas. El crítico también está tratando de decir: “Yo pasé por aquí”. La finalidad de su función no es el artista mismo. El artista está un peldaño por encima del crítico, porque el artista escribe algo que moverá al crítico. El crítico escribe algo que moverá a todo el mundo menos al artista.
-Entonces, ¿usted nunca siente la necesidad de discutir sobre su obra con alguien?
-No; estoy demasiado ocupado escribiéndola. Mi obra tiene que complacerme a mí, y si me complace entonces no tengo necesidad de hablar sobre ella. Si no me complace, hablar sobre ella no la hará mejor, puesto que lo único que podrá mejorarla será trabajar más en ella. Yo no soy un literato; sólo soy un escritor. No me da gusto hablar de los problemas del oficio.
-Los críticos sostienen que las relaciones familiares son centrales en sus novelas.
-Esa es una opinión y, como ya le dije, yo no leo a los críticos. Dudo que un hombre que está tratando de escribir sobre la gente esté más interesado en sus relaciones familiares que en la forma de sus narices, a menos que ello sea necesario para ayudar al desarrollo de la historia. Si el escritor se concentra en lo que sí necesita interesarse, que es la verdad y el corazón humano, no le quedará mucho tiempo para otras cosas, como las ideas y hechos tales como la forma de las narices o las relaciones familiares, puesto que en mi opinión las ideas y los hechos tienen muy poca relación con la verdad.
-Los críticos también sugieren que sus personajes nunca eligen conscientemente entre el bien y el mal.
-A la vida no le interesa el bien y el mal. Don Quijote elegía constantemente entre el bien y el mal, pero elegía en su estado de sueño. Estaba loco. Entraba en la realidad sólo cuando estaba tan ocupado bregando con la gente que no tenía tiempo para distinguir entre el bien y el mal. Puesto que los seres humanos sólo existen en la vida, tienen que dedicar su tiempo simplemente a estar vivos. La vida es movimiento y el movimiento tiene que ver con lo que hace moverse al hombre, que es la ambición, el poder, el placer. El tiempo que un hombre puede dedicarle a la moralidad, tiene que quitárselo forzosamente al movimiento del que él mismo es parte. Está obligado a elegir entre el bien y el mal tarde o temprano, porque la conciencia moral se lo exige a fin de que pueda vivir consigo mismo el día de mañana. Su conciencia moral es la maldición que tiene que aceptar de los dioses para obtener de éstos el derecho a soñar.
-¿Podría usted explicar mejor lo que entiende por movimiento en relación con el artista?
-La finalidad de todo artista es detener el movimiento que es la vida, por medios artificiales y mantenerlo fijo de suerte que cien años después, cuando un extraño lo contemple, vuelva a moverse en virtud de qué es la vida. Puesto que el hombre es mortal, la única inmortalidad que le es posible es dejar tras de sí algo que sea inmortal porque siempre se moverá. Esa es la manera que tiene el artista de escribir “Yo estuve aquí” en el muro de la desaparición final e irrevocable que algún día tendrá que sufrir.
-Malcom Cowley ha dicho que sus personajes tienen una conciencia de sumisión a su destino.
-Esa es su opinión. Yo diría que algunos la tienen y otros no, como los personajes de todo el mundo. Yo diría que Lena Grove en Luz de agosto se entendió bastante bien con la suya. Para ella no era realmente importante en su destino que su hombre fuera Lucas Birch o no. Su destino era tener un marido e hijos y ella lo sabía, de modo que fue y los tuvo sin pedirle ayuda a nadie. Ella era la capitana de su propia alma. Uno de los parlamentos más serenos y sensatos que yo he escuchado fue cuando ella le dijo a Byron Bunch en el instante mismo de rechazar su intento final, desesperado, desesperanzado, de violarla, “¿No te da vergüenza? ¡Podías haber despertado al niño!” No se sintió confundida, asustada ni alarmada por un solo momento. Ni siquiera sabía que no necesitaba compasión. Su último parlamento, por ejemplo: “No llevo viajando más que un mes y ya estoy en Tenesí. Vaya, vaya, cómo rueda uno”. La familia Brunden, enMientras agonizo, se las arregló bastante bien con su destino. El padre, después de perder a su esposa, necesitaba naturalmente otra, así que se la buscó. De un solo golpe no sólo reemplazó a la cocinera de la familia, sino que adquirió un fonógrafo para darles gusto a todos mientras descansaban. La hija embarazada no logró deshacerse de su problema esa vez, pero no se descorazonó. Lo intentó nuevamente, y aun cuando todos los intentos fracasaron, al fin y al cabo no fue más que otro bebé.
-¿Qué le sucedió a usted entre La paga de los soldados y Sartoris? Es decir, ¿cuál fue el motivo de que usted empezara a escribir la saga de Yoknapatawpha?
-Con La paga de los soldados descubrí que escribir era divertido. Pero más tarde descubrí que no sólo cada libro tiene que tener un designio, sino que todo el conjunto o la suma de la obra de un artista tiene que tener un designio. La paga de los soldados yMosquitos los escribí por el gusto de escribir, porque era divertido. Comenzando con Sartoris descubrí que mi propia parcela de suelo natal era digna de que se escribiera acerca de ella y que yo nunca viviría lo suficiente para agotarla, y que mediante la sublimación de lo real en lo apócrifo yo tendría completa libertad para usar todo el talento que pudiera poseer, hasta el grado máximo. Ello abrió una mina de oro de otras personas, de suerte que creé un cosmos de mi propiedad. Puedo mover a esas personas de aquí para allá como Dios, no sólo en el espacio sino en el tiempo también. El hecho de que haya logrado mover a mis personajes en el tiempo, cuando menos según mi propia opinión, me comprueba mi propia teoría de que el tiempo es una condición fluida que no tiene existencia excepto en los avatares momentáneos de las personas individuales. No existe tal cosa como fue; sólo es. Si fue existiera, no habría pena ni aflicción. A mí me gusta pensar que el mundo que creé es una especie de piedra angular del universo; que si esa piedra angular, pequeña y todo como es, fuera retirada, el universo se vendría abajo. Mi último libro será el libro del Día del Juicio Universal, el Libro de Oro del Condado de Yoknapatawpha. Entonces quebraré el lápiz y tendré que detenerme.
NOTA:  ver la introducción al Ruido y la Furia de editorial cátedra. Pg. 9-55

B) PUNTO DE VISTA SOBRE LA NOVELA Y EL AUTOR (E. Escolano)

Faulkner: “El ruido y la furia” 

Después de la presentación que ha hecho Manuel Sánchez, con rigor y exactitud, de la novela de William Faulkner, “El ruido y la furia”, yo añado mi apreciación personal.  Puede ser discutible y sobrarle apasionamiento, porque es un libro de lectura complicada, que te interesa mucho o que no te invita a seguir leyendo. Yo seguí leyendo para explicarme por qué para críticos tan reconocidos como Harold Bloom es una de las mejores novelas en inglés del siglo XX.  
Hace mucho tiempo leí “Las palmeras salvajes”, pero en traducción de Borges llena de argentinismos, molestos a nuestro castellano, que más parecía estar en la Pampa que en un territorio del Mississippi. También me perdí en las páginas de “Santuario”. 
Pero cuando he tratado de acercarme con verdadero interés al estilo personalísimo de Faulkner ha sido leyendo “El ruido y la furia.” Os resumiré lo que de él he obtenido, seguramente escaso dada la complejidad del libro. Sin duda, quedarán temas sin analizar que se irán completando con vuestras aportaciones. Me van a interesar sobremanera. 
Dicen los críticos que cuando las técnicas de novelar decimonónicas habían ya madurado, aparecen nuevos estilos indagatorios en la literatura. Así, el de Faulkner, en algunas de sus obras en donde ya no hay un Dios valorador de sus personajes, el lector tiene que organizar el mundo a partir de los datos que le dan. En esta novela concretamente al lector se le da mucho protagonismo, sobre todo si no se lee en el inglés original, porque entonces se ha de aceptar una traducción de problemática fidelidad teniendo en cuenta la tan diferente estructura de las dos lenguas. Se producen continuos desplazamientos de tiempo y espacio, especialmente en ciertos personajes. Y no hay más remedio que asumir la técnica de escritura conocida como “el fluir de la conciencia”. Técnica que implica un estilo roto, poco respeto a la sintaxis y a la lógica progresión del relato, lo que ocurre en muchas de sus páginas.  Manuel Rodríguez Rivero, en un artículo publicado en el semanal  de El País (Babelia) dice: “Faulkner oculta y desvela, exigiendo del lector un esfuerzo constante que finalmente será recompensado.”  
Parece ser que Faulkner amaba  este libro, una de sus primeras grandes novelas (la que bien pudo decidir la concesión del Nobel para él). Concibió “El ruido y la furia” a partir de unos versos de la escena quinta, del acto quinto de Macbeth, que dicen así: 
La vida no es más que una sombra… Un cuento narrado por un idiota, Lleno de sonido y de furia Que nada significa. 
Con este bagaje, Faulkner compone un retablo impresionista en donde la adversidad es la nota común a todas sus figuras principales. He utilizado un término que hace pensar casi siempre  en la pintura, aunque también sea literario: los hermanos Goncourt son los primeros impresionistas en literatura. Pero hay otro movimiento pictórico, el llamado “gestual”, que tengo muy presente cuando leo esta novela, porque si en el arte plástico… “la gestualidad se marca en obras de total libertad de ejecución (violencia y expresividad), poniendo de manifiesto los estados de ánimo en vigoroso y descontrolado gesto”…, en literatura tal técnica parece corresponderse con el estilo del Faulkner que analizamos. Las situaciones de fuerza emocional son tales que nos llevan, sobre todo con Benjy, a impresiones olfativas:… ”Caddy olía como los árboles”… “el frio se olía”. Auditivas:… “pasamos por entre las hojas que hacían ruido”. Cromáticas:… “el humo azul”... Etc. 
El Sur, antes feliz y ahora devastado, se identifica con la familia Compson  mediante  imágenes obsesivas. Son personajes de sombría fatalidad, por la incapacidad mental, el alcoholismo, el resentimiento, la culpa, la avaricia, la xenofobia… hasta la hipocondría de la madre. En su estilo, “gótico sureño”, nos habla de “viejos valores y el sentimiento de un Sur derrotado”—en palabras de Alejandro Gándara--, de personajes muy bien definidos. El padre el que menos, pero también, ya que Quentin, muy influenciado por él, en su melopea entretejida de recuerdos y presente nos lo hace conocer bastante bien. Es magistral cómo nos acerca a la mente desordenada de Benjy, hasta hacer que el lector  agradezca el cariño que le dispensan Caddy y Dilsey a este hombre-niño desgraciado. Para mí es duro que en la novela lo llamen “el idiota” (quizá ha de ser así, 
no voy a corregir a Faulkner). Un desdichado ser que se consuela a veces con la zapatilla de la hermana ausente, que le quería, y con llevar en la mano una flor. Aquí una especulación (puede que “tocada” yo por la veracidad que el autor infunde a este personaje): El tallo de la flor que hace callar a Benjy en sus gemidos, se rompe. El criadito negro lo recompone… ¡Pero sólo los tallos tiernos se quiebran!… ¿Quizá la ternura de ese tallo, de esa flor, se corresponde en la intención del autor con un amor especial que el personaje le despierta…? Fantasear es fácil.  
Por cierto, en el prólogo de un librito descubierto casualmente hace cuatro días, “Historias de Nueva Orleans”, me encuentro ya con Benjy. A partir de 1925 pasó nuestro autor un tiempo en la citada ciudad, y allí escribió una serie de relatos cortos para la sección literaria  del “Times Picayune”. Dichos “apuntes” (como se les llama también) … “contenían ya, embrionariamente, los elementos de grandeza que caracterizaron la obra posterior, madura, de Faulkner “. Concretamente, el personaje de Benjy que, en “El reino de Dios”-- bien que en otras circunstancias ajenas por completo a la familia Compson--, llora desesperado cuando se le rompe el narciso que atesoran sus manos. Sólo se calma con la flor entablillada y restituida. Es un calco de nuestro Benjy. Me gustó coincidir con Faulkner en remarcar esta situación (pequeñas satisfacciones literarias). Ya tendremos ocasión de hablar de los otros personajes. 
Y de momentos tan emocionantes, y bien narrados, como cuando se nos describe en el último apartado todo lo referente a la celebración religiosa de la Pascua de Resurrección en la iglesia de los negros. ¡Qué humanidad la de Dilsey!, ella perdurará.  Interesantes también  las ideas que encontramos sobre el concepto “tiempo” en el capítulo de Quentin (tan manipulado por escritores y filósofos de toda época). Así como el distinto tratamiento dado a la raza negra por los del Norte y los del Sur. Así como lo que nos cuenta un Jason, resentido y avaro, de los especuladores en el mercado del algodón, de los ricos judíos del Este… ¡Y tantos otros caminos! 
Lo que me sorprende es que de los cuatro hermanos sólo le niegue la voz al elemento femenino en el complejo coral que es la novela. Sobre todo teniendo Caddy tanto protagonismo. Es éste un personaje que a pesar de 
su actitud ante la vida (desaprobatoria por parte de la familia, así como la de la hija) el autor no lo indispone ante la mirada del lector. Se admite una cierta predestinación trágica, adivinada tan sólo por el hermano enfermo, cuando la suciedad de los calzones embarrados de la niña le hace llorar. Es todo un simbolismo. Tal vez la explicación de la ausencia de un capítulo para Caddy esté en lo que… “decía padre”: Recuerda Quentin de las mujeres... equilibrio delicado de una inmundicia periódica entre dos lunas… Putrefacción líquida como esas cosas hundidas que flotan como una goma pálida llena y fláccida con olor a madreselva mezclada con ella…”  Es aterrador. Quiero creer que es cosa que impone la ficción, no una manifestación de lo que el autor piensa.  
Dicen los estudiosos de Faulkner que de las partes en que divide esta novela, la más interesante es la segunda, la narrada por Quentín. Seguramente es donde más dificultad encontramos. Pero, claro, no es gratuita la intención del autor. Nos desnuda la mente del atormentado muchacho, sin concesiones a la lógica del lector.  No sé dónde he leído que Faulkner… “sabe salir siempre elegante de sus fangos estilísticos”. Acertadísimo juicio. Confieso que yo tuve que leerla más de una vez para salir de esos fangos. Saqué una impresión, ésta sí aventurada, tal vez osada, por lo subjetiva: Gran protagonista es la madreselva, enredadera invasiva, que se entrelaza, feraz, a todo lo que toca, y cuyo olor puede embriagar la mente. Ya he dicho antes que el fantasear es libre… y gracias al escritor que lo estimula. 
También diría que una característica del hacer de Faulkner es intercalar en un relato largo un cuento corto, cosa muy habitual en El Quijote, que decía admirar y leer anualmente. En “El Ruido y la Furia” esto aparece en el episodio del encuentro de Quentin con la niña italiana.  Podría ser prescindible, pero no molesta. 
De los escritores anteriores y próximos a Faulkner que sin duda le influyeron, se tiene como maestro literario directo a Sherwood Anderson, y, cómo no, a Joyce por el “Ulises”. También se habla de Conrad y del largo poema “Tierra baldía” (cuatrocientos y pico versos ) de T. S. Eliot, y de Proust, y de Henry James… 
Yo he recordado a García Lorca, en su “Poeta en Nueva York”, que se publicó poco más tarde. También puro simbolismo y oscuridad. Lo asocié a la novela de Faulkner porque Muñoz Molina, hablando de este poemario que él considera la cima de todo lo escrito por el poeta de Granada, lo llama “un torrente de furia expresiva”. Tal es lo que yo pienso sobre “El ruido y la furia”. 
Elena Escolano 

                 


No hay comentarios:

Publicar un comentario